El Castro·chavismo y la lengua viperina

“Amor, ¿cómo me veo?”, pregunto la mujer a su novio, luciendo un hermoso vestido rojo intenso, ceñido al cuerpo, de delicado corte, con un escote en su espalda, exquisitamente maquillada y peinada; “gorda”, le contesto él. La mujer dio media vuelta, volvió a su viejo camisón y decidió no salir, pensó que tal vez no era necesario salir a celebrar con una cena sus ya ocho años de compromiso, se dio cuenta que lo realmente importante era emprender de una vez por todas una estricta dieta que le ayudara a bajar esos kilos de más…

Lenguas viperinas

Imagen BOCAC, farc-ep 2017

Desde los púlpitos los curas señalaron el “Comunismo”, como pecado mortal, como cosas del “demonio” y en la plaza pública y los medios, los “hombres de bien” lo llamaron como pensamiento de “bandoleros” y “chusmeros”, bien rezó el manifiesto comunista: “Un fantasma recorre a Europa, el fantasma del comunismo…” quedando corta esta máxima ante el temor que se fue propagando a nivel mundial por semejante espectral amenaza; pero qué más podría esperarse de una ideología que plantea la justa idea de dar al trabajador el fruto de su trabajo?, no más que el ser señalado y perseguido por quienes como zánganos han acrecentado sus arcas con el esfuerzo y sometimiento de muchos seres humanos, es lo más “correcto” dentro del “orden” impuesto donde reina la injusticia. Y fue esta acción estigmatizante la que condenó a muerte a muchos y muchas que creyeron en un mundo diferente, más justo, más igualitario. Muchos y muchas, sumidos en el terror del yugo condenador, llegaron a decir que la culpable de las muertes era el comunismo y sus auspiciadores. Sometidos en el temor de ser condenados, confundieron las consecuencias con las causas, confundieron las víctimas con los victimarios, se dejaron llevar por la Lengua Viperina…

Y es que el temor por lo diferente a lo estipulado, lo distinto a “lo normal”, el rompimiento de la rutina del día a día, suponer acaso cambiar el rol que se nos ha impuesto, donde nos hemos acostumbrado a sobrevivir, donde nos hemos adaptado, sometido y por fin, mal que bien, hemos “encajado”, siendo aceptados, no es fácil de dejar; ya que cuando el pensamiento se encuadra, se moldea y se adapta a las circunstancias (por duras que sean) logra ahorrase tiempo y energía, ahorrase esfuerzo y compromiso.

Es más fácil ser una tuerca oxidada en medio de tantos engranajes, cadenas, poleas y demás elementos de una maquina de muerte y destrucción, que ser la tuerca que se soltó para parar tamaña atrocidad. La maldita tuerca que decidió salirse del contexto, determinó poco a poco excluirse del proceso, clara de lo que entre todos y todas, ejes, resortes, arandelas y demás minúsculos elementos de forma aberrantemente sumisa han hecho parte. Y nuevamente, la tuerca es juzgada, ha parado la producción, ha cambiado la rutina, ha acallado el clip, splash, plum, a que ya todos se habían acostumbrado.

Suenan igual las maquinas tipográficas de los medios, las cámaras de televisión, las salas de radio, cuando de hacer trabajar a la maquina de la muerte se trata. Los “periodistas” bien entrenados, como muñecos parlanchines exponen las “noticias” acompañados de gestos, muecas y musarañas, que den la aprobación o desaprobación en el cerebro receptor que le sigue. Entonces suenan las noticias de muerte, de robos, de desesperanza, de incumplimientos, de desolación….

Queda plenamente demostrado, cuando el dicho pregona “el ladrón grita –LADRON!- para ocultar su fechoría”. Cuando el presidente Uribe señalo a las ONG de Colombia como “amigas de los terroristas” las condenó a que sus miembros fueran asesinados por los paramilitares, señalamiento de su dedo acusador contra quienes precisamente venían efectuando investigaciones, adelantando procesos y efectuando denuncias sobre los causantes de las miles de victimas en Colombia, quienes encontraron que en un gran porcentaje (70%) de los autores de la muerte a ultranza, habían sido grupos paramilitares, las mismas estructuras aberrantes que el señor Uribe Vélez quiso legalizar durante su periodo en la Gobernación de Antioquia bajo el nombre de las “CONVIVIR”. Mentir es la reacción de los que tienen algo que ocultar. Recalco: muchas personas – inocentes o no – fueron asesinadas, pese que el derecho a la vida debe ser inviolable y la pena de muerte no existe en Colombia. Nuevamente, la lengua Viperina cumple su cometido.

Esta claro hoy que el pensamiento comunista es una ideología válida, respetable y con derecho a abrirse camino en el marco de la normatividad y la democracia; esta claro que el trabajo de las ONG tiene que ver con la tarea de hacer una veeduría del correcto ejercicio de gobierno de forma que garantice los derechos de todos y todas, para asegurar una sana convivencia y vivir en paz. Sin embargo, la lengua viperina no para y sigue articulando improperios contra todo lo que se oponga al régimen homogeneizador, establecido a sangre y fuego. Ahora la soga condenatoria es la categoría de “Castro – Chavista”; si de pobreza, corrupción, antidemocracia o dictadura, quieren señalar a alguien o algo, el termino se acomoda, desde los rojos labios de las hermosas presentadoras de medios invasivos – masivos de incomunicación que trabajan para soportar una oligarquía retardataria y reaccionaria que utiliza cualquier cosa, o a cualquiera persona, para mantenerse empotrado en el poder. Mentiras públicas en lenguas viperinas que de tanto repetirse intentan legitimarse presentándolas como planteamientos de la “opinión publica”.

Así, se intenta crear una cultura del desencanto, de la desesperanza; muchos y muchas saben que lo que dicen los medios es absurdo, se basa en la mentira y en intereses particulares, sin embargo, ya no solo se trata de poner al descubierto todo este artilugio de la lengua viperina; se trata de que, ante la desesperanza del día a día, nos queda como una tarea revolucionaria y liberadora el generar certezas y confianza esperanzadora a partir de librar pequeñas batallas que nos hagan vencedores, convertir en un hábito el ser capaces de conquistar cualquier cosa, empezando por cosas pequeñas, hasta conquistar el manejo de las riendas de nuestras propias vidas, que las comunidades sean dueñas de su propio destino, de nuestra patria, de nuestra sociedad. La esperanza se fortalece entonces de realidades cotidianas a nuestro favor. La lengua viperina entonces queda confinada a colgar en la boca de los “jetiabiertos” quienes siempre apostaron por la violencia y la mentira. Queda claro que la verdad nos hace fuertes, libres y nos dignifica.

Isabel Vargas

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