Ser Radical

Pensar que nada cambia, que todo siempre será igual, es la posición ideológica que unifica a diferentes posturas de vida, que conducen a la inmovilidad política. “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé. (…) No pienses más; sentate a un lao, que a nadie importa si naciste honrao…” estos fragmentos del tango Cambalache, escrito por el compositor argentino Enrique Santos Discépolo, que tantas veces hemos compartido y cantado, nos sirve ahora de manera crítica para contextualizar lo que significa este pensamiento enraizado en la población mayoritaria, el cual debemos asumir como nuestro problema, dentro de esta realidad que nos exige movimiento y cambios radicales.

Radicales

Imagen BOCAC, farc-ep 2017

Claro, si observamos la realidad tal como se nos manifiesta en el día a día, encontramos que el cambalache es su fotografía, que el día a día es la continuidad de lo conocido, de lo vivido, como un todo eslabonado que somete a las mayorías, con el peso de la cadena y el grillete a la necesidad y a la ilusión del ascenso social, a vivir en el remolino de las necesidades, de la apariencia y la apatía política en medio de un país convulsionado.

Si ejercemos la crítica radical sobre el porqué de la apatía política de las mayorías, encontramos 4 ejes transversales que intervienen de manera directa e indirecta en la realidad.

1-El tiempo de vida que invierten las masas en solucionar las necesidades lo aísla de la realidad, y su relación con los partidos políticos tradicionales es de carácter electoral, lo que genera incredulidad y hastío en la política

2-La democracia plena no se corresponde con los intereses del capital, la democracia burguesa, contrario a lo que se piensa, requiere y estimula la apatía política. Para legitimarse le basta con el clientelismo, la corrupción –compra de votos- y los votos de opinión. El abstencionismo siempre será mayoritario.

3- “El cuarto poder” - los medios de comunicación - de propiedad de los grandes conglomerados económicos, en concordancia con lo anterior construyen opinión pública como falsa verdad la cual se impone como verdad, según el interés particular de conveniencia coyuntural, que mantienen en el tiempo.

4-Y frente a tal condición, las organizaciones de izquierda y revolucionarias, nos ha faltado capacidad de adaptación y de cambio frente a circunstancias históricas concretas, que se nos presentan obviamente como adversas.

Las organizaciones de izquierda y revolucionarias, estamos exigidas frente a esta situación política, a construirnos y constituirnos como un referente renovador, con una forma inédita de hacer política -si tenemos en cuenta críticamente lo conocido-, continuando el proceso con lo que hay, con lo que se tiene, como principio de realidad.

Ganar la confianza política del pueblo, es un objetivo inmodificable de la estrategia revolucionaria, que debe iluminar como faro a la lucha política; pero igualmente, es un objetivo estratégico inmodificable para el Imperio y los Estados oligárquicos, que perfeccionan permanentemente su sistema de dominación, por tal razón, cuando la confianza de los sectores y clases sociales potencialmente revolucionaras se pierde en las organizaciones, hay que cambiar. Hay que ser radical.

. . . Ser radical, es ir a la raíz del problema, y la raíz del problema, es el hombre mismo

Karl Marx

El sistema capitalista, no solo se apropia del trabajo ajeno, sino del sentir y pensar de las personas, tiene una capacidad excepcional de renovación y cambio, aprende de sus propias crisis, guerras y de sus enemigos, para mantener la hegemonía mundial, neutralizar y aniquilar a sus antagónicos, y ante tales circunstancias, nuestra capacidad de renovación a partir del aprendizaje de nuestras propias crisis, guerras y del conocimiento crítico de las políticas de dominación, es lento. Tanto así, que podemos afirmar, que mientras el sistema de dominación se reinventa, la izquierda se repite y “vuelven sobre lo que ya parecía terminado, para comenzarlo de nuevo”.

La experiencia de lucha, entre ires y venires, en ascensos y retrocesos nos demuestra que, cuando avanzamos hacia la concreción de los objetivos estratégicos, las políticas implementadas para afrontar situaciones históricas concretas, deben ir adaptándose o siendo transformadas a las nuevas realidades y que de no hacerlo, nos estancamos y nos repetimos de nuevo.

Las políticas que hoy nos dinamizan, mañana nos estancan, precisamente, porque estas sirvieron para crear las nuevas condiciones, que como realidad concreta, se convierten en punto de llegada y punto de partida a la vez, como unidad teórica-practica que articula el pasado-presente, con el presente-futuro.

El problema aquí planteado, nos exige asumirlo como un problema propio, independientemente de que tanta responsabilidad tengamos en esta perdida, es necesario erradicar de la política las críticas sin líneas de cambio, y enfrentarnos radicalmente a nuestro “Infantilismo de Izquierda”, para no repetir lo que ya conocemos en las practicas sectarias y dogmáticas y, por demás, ese iluso deseo de que la revolución triunfe lo más pronto, sin haber empezado a transformar radicalmente nuestra realidad política, teórica y organizativa a partir de lo que realmente somos y tenemos.

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