No más paramilitarismo, No Repetición

Los acuerdos alcanzados en la Mesa de Diálogos de La Habana tienen una enorme importancia, todos sin excepción alguna. Esta realidad solo la ponen en duda quienes integran el reducido sector que está interesado en continuar la guerra contra el pueblo, para sacar de ello beneficios particulares.

No paramilitarismo

Imagen BOCAC, farc-ep 2016

Reiterando que todos poseen grande valor, sí podemos destacar algunos acuerdos que marcan hitos y pasos enormes en dirección a la firma del Acuerdo Final. Por ejemplo, lo acordado respecto al Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, lo que incluye la Jurisdicción especial para la paz, que va directamente relacionado con poner a las víctimas en el centro de la atención de lo que se pacta entre las FARC – EP y el Gobierno Nacional, o sea en el centro del interés por resolver el terrible conflicto armado que nos ha azotado por largo medio siglo.

Igualmente lo convenido en relación a elevar el Acuerdo Final a la categoría de Acuerdo Especial e incorporándolo a la Constitución Política, como Bloque Constitucional, “…para ser tenido en cuenta durante el periodo de implementación del mismo como parámetro de interpretación y referente de desarrollo y validez de las Normas y las Leyes de Implementación y desarrollo del Acuerdo Final”, como reza textualmente el acuerdo. Y en ese mismo sentido lo convenido respecto a depositar el texto del Acuerdo Final en manos de autoridades mundiales como el Consejo Federal Suizo en Berna, y La secretaría General de Naciones Unidas, como mecanismos idóneos para blindar y garantizar en alguna medida el cumplimiento de dichos acuerdos.

De la misma manera la creación de la comisión para la elaboración del Estatuto de garantías para la oposición, es otro de los acuerdos destacables, dentro del aspecto de Participación Política, que tienen todo que ver con la incorporación a la actividad política legal de las FARC – EP, y por supuesto de la participación de los partidos minoritarios, organizaciones sociales y comunidades en el nuevo escenario político del país.

Otro de los acuerdos de particular relevancia es el firmado el 23 de junio – 2016, cuyo solo título ya nos indica la magnitud del acontecimiento: “Acuerdo sobre Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de Armas, Garantías de Seguridad y Refrendación”.

Como se puede apreciar, son tres los acuerdos incluidos en este enunciado:

  • Acuerdo sobre Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de Armas
  • Garantías de Seguridad
  • Refrendación

Y por supuesto, la cúspide de los logros de La Mesa de La Habana: el Acuerdo Final que ya fue dado a conocer el día 24 de agosto, y que entra en rigor a partir de la firma del señor presidente de la república, o se a partir del día D.

Es necesario detenernos un poco y hacer hincapié en el acuerdo del día 23 de junio, porque evidentemente los medios oficiales insisten en destacar el primero y el tercero de los acuerdos presentados ese día, pero muy poco dicen respecto al segundo – Garantías de Seguridad – como si no existiera. Y precisamente este acuerdo de las Garantías de Seguridad hace mención al desmonte y erradicación del paramilitarismo de estado, y el control de grupos o bandas que atenten contra las comunidades y específicamente contra la implementación de los acuerdos, como condición absolutamente indispensable para la cimentación de la paz.

No paramilitarismo

Imagen BOCAC, farc-ep 2016

Es necesario reiterar: si el Estado colombiano no combate realmente y erradica el paramilitarismo como política de las élites del poder del mismo estado, es físicamente inviable que la paz tenga asidero en nuestra sociedad. Es de allí de donde se desprende la enorme importancia de este acuerdo, que de cumplirse cabalmente por los gobernantes, abrirá la posibilidad efectiva, real, seria e histórica, de sembrar definitivamente la paz en nuestra patria, con la implementación del cuerpo entero de los acuerdos de La Habana.

Diversos son los aspectos y puntos que contiene este acuerdo, pero valga resaltar algunos como la creación de una Comisión Nacional conducida por el presidente de la república para diseñar las políticas y hacer seguimiento al cumplimiento de las mismas en el propósito de abolir el paramilitarismo y sus manifestaciones afines, en nuestra sociedad.

Lo mismo que la creación de “Una Unidad Especial de Investigación dentro de la Fiscalía General de la Nación para el desmantelamiento de las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo de conformidad con lo establecido en el numeral 74 del acuerdo sobre la Jurisdicción Especial para la Paz. Esta Unidad contará con una unidad especial de policía judicial con expertos en distintas materias.” Como reza textualmente el acuerdo en uno de sus apartes.

Así mismo se acordó implementar un Programa Integral de Seguridad y Protección para las comunidades y organizaciones en los territorios para adoptar medidas de seguridad para las mismas, y también activar un cuerpo élite en la Policía Nacional para la desarticulación de las estructuras paramilitares que no asimilen la política de sometimiento a la justicia.

No paramilitarismo

Imagen BOCAC, farc-ep 2016

Este rápido recuento nos da la idea de la magnitud de este acuerdo, del que poca resonancia hacen los medios.

Las organizaciones sociales y comunidades debemos darnos a la tarea de estudiar y analizar el contenido y alcance de este acuerdo específico, para exigir el cumplimiento milimétrico del mismo, si es que de verdad estamos convencidos de que aquello de la NO REPETICIÓN, debe convertirse en una realidad palpable, visible y definitiva.

En el occidente colombiano es enorme la preocupación de las comunidades al presenciar situaciones como las que se viven en puertos importantes del Pacífico, como son las ciudades de Tumaco y Buenaventura, donde la presencia del paramilitarismo es evidente. Es apremiante que en estos lugares entren a aplicarse, con urgencia, dichos acuerdos.

No paramilitarismo

Imagen BOCAC, farc-ep 2016

La transversalidad de los diversos temas en los acuerdos de La Habana, nos lleva a concluir que este tema del desmonte del paramilitarismo, se entrecruza con el de Dejación de Armas. Existe el acuerdo de que las FARC – EP hará dejación de armas al depositarlas en una comisión de la ONU, pero el Estado igualmente debe hacer Dejación de Armas entendida ésta como el no uso de las armas del Estado para hacer política. Así que las armas del Estado usadas a través del paramilitarismo, deben deponerse y desaparecer el paramilitarismo que aun viene siendo amparado por sectores del establecimiento.

René Hertz
BOCAC FARC-EP

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