La Entrega de Almas

Por: Isabel Vargas

Casi no echan la rúbrica sobre el papel que consignaba el Acuerdo Final para el Fin del Conflicto y ya estaban preguntando cuando era que íbamos a entregar las armas. Pusieron porcentajes, pusieron protocolos, todos buscaban que se dejaran de una vez por todas las armas como si fuesen la vertiente del conflicto. De manera rápida endilgaban cincuenta y tres años de conflicto en Colombia a algunos fierros que no hicieron sino acompañarnos a nosotros en las buenas y en las malas. Qué representa un fusil para un guerrillero o guerrillera?, entonces recuerdo como hace más de seis años decidí venirme a buscar seguridad en las FARC EP.

Almas

Imagen BOCAC, farc-ep 2017

Muchos me preguntan cómo fue que llegue acá, a las filas guerrilleras, entonces me toca contarles como yo trabajaba con las comunidades, enseñándoles sobre sus derechos, cómo de manera pacifica nos oponíamos al desalojo de sus casas por cuenta de la policía para entregarlas a los bancos, quienes con redes de gobernantes de turno, rematadores y constructoras se hicieron el gran negocio de las casas de interés social. De cómo a través de acciones de tutela obligábamos a las EPS a que prestaran el servicio de salud a un joven, con todo el futuro por delante, que sufría de los riñones y le negaban un trasplante. Y qué de ilegal tiene esto?, sin embargo, señalada de colaboradora de las FARC EP, me toco aguantar la persecución estatal y con el miedo de ser torturada o sumar las listas de desaparecidos, decidí venir a pedir apoyo acá.

En principio, mi idea no era ingresar, pero en medio de un operativo pocas opciones quedaban y me toco asumir echarme a andar por las encumbradas montañas junto a ese grupo de muchachos y muchachas que se acostumbraron a andar por las trochas riendo, siempre riendo, por más que los mandos les pedían que hicieran silencio ellos y ellas reían a veces sin razón. Siempre con su compañero terciado entre su brazo y su cuello, parecía les brindaba la seguridad, no de seguir vivos, pero si de no dejar este mundo sin haber peleado.

A mi me dieron una metrica, era chiquitica como un bolsito de chica gomela, así me cantaba el camarada: “qué quiere mi chica gomela”, y ese pobre fierrito tocaba cuidarlo, cada que llegaba de marcha, sacar el aceite, un trapito y el cepillo dental, también le cargaba una jeringuilla para llegar a los lugares mas recónditos de ella, porque sino se oxidaba y de ahí que iba a hacer en caso de necesitarla?; uno en la guerrilla aprende a querer las armas, esas son las fieles compañeras que no te dejan morir, las acicala y las mima, les pone nombres, anda con ellas hasta pa’ ir al baño, se vuelven fieles compañeras. Recuerdo incluso como muchos las llevaban a las fiestas guerrilleras, se las terciaban y echaban paso, mientras ellas sus armas, se bamboleaban de un lado a otro, como parte de la fiesta. Tocaba llevarlas para todo lado, en ocasiones difíciles hasta cocinar con ellas terciadas, en los bañaderos tocaba hacer los armerillos y estar en las charlas con ellas ahí, como poniendo cuidado a ver que decían los comandantes. Hacíamos cada vez un nuevo campamento y en las caletas no faltaba la horqueta pa’ guindar chaleco y fusil.

A mi me quitaron la metrica, me dieron una un poco más grande, esa verraca estaba dura y toco hacerle la misma operación, aceite y limpieza todos los días, quedo suavecita y nuevamente me la quitaron, porque me mandaron para la población. Y que vaina para que me dieran una nueva arma, me dieron una Walter y ahí andábamos, hasta que le dio a uno por irse y me pasaron a “mi chiquitico”, un fusil R15 negro, de estrías perfectas, él un día se lo llevaron a pelear y a mi me toco quedarme esperando a que volvieran y que él retornara sin ninguna novedad; se portó como nunca me dijeron y yo como su cuidadora le di la mas minuciosa limpieza en recompensa. Recuerdo también el día en que nos bombardearon y cogiendo chaleco y al “chiquitico”, salimos sin pensarlo, que se quede lo que sea, menos mi “chiquitico”! Nos toco retirarnos a cumplir una tarea y “mi chiquitico”, toco aceitarlo, envolverlo en papel y celofán, meterlo en un tarro y dejarlo encaletado.

Luego viene ese tema de la Dejación de Armas, entonces me doy cuenta que se lo habían pasado a otro compañero, quien será el encargado de dejarlo en el armerillo, descansando, y a mi que también me tocó la guardia de ese armerillo los veía ahí, todos esos fusiles, tanto como quienes lo habían cargado durante tantos años, ellos estaban ahí, impávidos, con el futuro incierto, esperando su día. Se sentía el alma que había sido puesta en esos fierros. No son simples cosas, todos los resignificamos, no eran objetos para hacer daño, eran nuestros compañeros, eran nuestro apoyo, eran motivo de arriesgarse para no perderlos, eran quienes nos impulsaban a seguir adelante… quien no haya estado en este proceso tal vez poco pueda entenderlo, pero muchos si que lo entenderán.

Muchos civiles nos han reprochado: si el gobierno no ha cumplido, si los siguen amenazando… de verdad entregaran todas las armas? Cómo se defenderán? Como harán para obligar al gobierno a cumplir? Y uno no le queda mas que sonreírles, decirles que hay que confiar, porque si uno aprende algo en la guerrilla es que no nos hace fuertes el estar armados de pies a cabeza, sino de mantener una alta moral y esto quiere decir, tener la confianza en que podemos hacerlo, tener seguridad en que mientras nos unamos, mientras seamos cada vez más, no hay armas que puedan contra nosotros. No hay mentiras, ni capacidad gubernamental para prevaricar, para no cumplir con su deber; asi que la razón no la dará el tiempo, los ojos del mundo sobre nosotros, la conciencia de la gente por conquistar un verdadero cambio, una verdadera paz, que sea duradera y que combata el conflicto de más de cincuenta y tres años, de desigualdad y escases de oportunidades.

Ya esta bien de hacer lo mismo y esperar resultados distintos, como dijo Ghandi. Es hora de apostar al cambio, de llenarse de fuerza y decisión, y al igual que fueron capaces farianos y farianas, de dejar el Alma y seguir adelante, todo colombiano y colombiana, debe dejar esas ideas que le atan y liberarse a apostarle a un nuevo hoy, para conquistar un mejor mañana.

Junio de 2017

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