Hacia una resolución de la dicotomía Modernización- Alteridad en los Acuerdos de la Esperanza

Resumen
Por siglos los pueblos latinoamericanos en sus pluralidades han resistido digna y heroicamente la pretensión de dominación violenta- cultural de la modernidad. Desde la ancestralidad indígena, las negritudes y el mestizaje campesino emergen alternativas reales hacia un nuevo modelo de vida colectivo, solidario y de justicia social. Los acuerdos de Paz de la Habana Cuba representan un medio polisémico que en clave intercultural en lucha por su implementación puede permitirnos caminar estas alternativas hacia su futura consolidación.

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Imagen BOCAC, farc-ep 2017

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Encuentro Internacional Minga para la paz, el buen vivir y la No Violencia
Pasto – Colombia

Para empezar quiero en nombre todas y todos nosotros , hombres y mujeres farianas, que desde el momento mismo del revolucionar nuestra visión en tanto resolución del conflicto en la praxis, no hemos hecho otra acción que demostrar al pueblo colombiano y a los pueblos del mundo, nuestra voluntad real de andar los caminos de la transformación con y desde los humildes, cumpliendo con la palabra dada. No se trata de la formalidad de firmar un papel, de decretar, legislar y reglamentar una ley, más allá de esto(sin que ello no sea necesario), es el respeto a la palabra dada en tanto ser una de las fundamentaciones reciprocas de nuestras acciones hacia la celebración de la Vida y la Paz. Queremos agradecer al comité organizador de este bello evento el permitirnos compartir este diálogo intercultural y hacer posible este grato momento.

Por siglos los pueblos latinoamericanos en sus pluralidades han resistido digna y heroicamente la pretensión de dominación violenta- cultural- física- existencial de nuestra ancestralidad originaria, así como la subsunción de lo pluricultural en lo multicultural aún moderno en el presente.

Desde el infame arribo del yo conquisto de la corona española pasando por el yo pienso cartesiano, la trascendentalita kantiana, la universalidad occidental hegeliana, hasta la insuperable diferencia posmoderna, la ancestralidad de hombre y mujeres indígenas, negritudes y en el mestizaje campesino, ha padecido el ciclo de modernización de lo “civilizado” centro- blanco en la aniquilación, el colonialismo y la colonialidad. ¹

De esta manera según fuentes de la CEPAL, la población originaria específicamente en Colombia, representa un 3,4% de la totalidad de nuestra población, del cual 35 pueblos indígenas se encuentran en peligro de extinción y el panorama en el resto de Nuestra América, Abya Yala no es el mejor. ²

Aun así, la dignidad hecha lucha y resistencia ha impedido que la pretensión de universalización occidental moderna- capitalista haya podido penetrar, destruir en su totalidad estas culturas y sus territorialidades, junto a la de nuestros hermanos y hermanas negras y campesinas.

Hoy, son justamente, las mal llamadas minorías étnicas, quienes representan las cosmovisiones y cosmovivencias, territorialidades, práctico fundamentales desde los cuales emergen alternativas reales y posibles en sus pluralidades de respirar y caminar hacia un nuevo modelo de vida y poder salir así de la espiral de muerte que resulta del modelo civilizatorio moderno del capital.

Lo anterior, deviene porque no han permitido ser en su ser absorbidos por dicho modelo imperante. Han sido negados, han sido excluidos,han sido y siguen siendo asesinados, centurias de miseria y muerte, la sacralidad del ser humano transformada en objeto que en los tiempos del Pachakuti se revelan en sujetos que no solo interpelan desde su negación, sino que a su vez, en su originariedad son en sí mismos modos de producción y reproducción de la vida, no solo humana, sino de la vida en su generalidad, de la Pachamama.

Resulta parecer curioso, la cuestión que esta originariedad esta ancestralidad, esta resistencia indígena, negra y campesina sea hoy asumida como novedad en la izquierda mundial, incluyendo a la izquierda colombiana y digo curioso, porque es en sí misma la ancestralidad originaria, la que ha trascendido desde si hasta el presente, por milenios (y que sin embargo), nos ha sido ocultada y que incluso nosotros mismos en nuestra colonialidad de izquierda también hemos de una u otra manera ocultado.

Para alegría y esperanza de vida, estamos ya en un proceso de des- ocultamiento al interior de la misma izquierda con todo y sus matices. No en vano, ustedes mismos en acción interpelante junto al espíritu reivindicativo, dialogante y participativo de las FARC- EP, ha devino en un capítulo étnico que hace parte del Acuerdo de la Esperanza y que por supuesto, debemos de igual manera, todas y todos juntos andar, andar los caminos de su materialización de la mano de la movilización popular, como pueblo que somos todas y todos nosotros.

¹ El presente texto es trabajado desde el pensamiento decolonial, especialmente desde pensadores como Franz Hinkelammert, Enrique Dussel y Juan José Bautista.

² Para mayor información ver: Los pueblos indígenas en América latina: avances en el último decenio y retos pendientes para la garantía de sus derechos. CEPAL. www.cepal.org/poblaciones.

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Estamos entonces, en un acontecimiento que surge en nuestro país, me refiero al Acuerdo de la Esperanza, así como al diálogo que viene adelantándose con sus propios tiempos, entre los hermanos del ELN y el Gobierno, es entonces un acontecimiento, que en la cotidianidad de una mayoría de ciudadanos que habitan en las urbes aún no impacta contundentemente de manera positiva; esto puede parecer algo anormal, de hecho, es algo irracional, desde nuestra perspectiva, la perspectiva de todos y todas las aquí presentes, nos resulta un sin sentido, porque nuestra existencialidad en camino a la descolonización, así como en la existencialidad indígena, campesina, negra, que no ha sido absorbida en su totalidad por la totalidad moderna capitalista, sin embargo situados en el paroxismo individualista, individualizador cotidiano de esas mayorías urbanas en su despolitización lo encontramos para ellas mismas como algo normal, lógico- racional.

Es por ello que para la lógica moderna neoconservadora el triunfo endeble del no plebiscitario y aún más el abstencionismo registrado en algunos centros poblacionales citadinos resulta ser una lógica ganancia de posibilidad de perpetuidad de su forma de ejercer el poder en y desde la guerra.

Lo anterior, bajo la apariencia de civilidad en la justicia- respeto de una ley (hecha en realidad dominación) contra la rebeldía (ésta como búsqueda de una nueva justicia desde abajo).

Así, para ustedes y nosotras y nosotros, que caminamos senderos posibles de alternativas de vida, se nos hizo irracional ese hecho, en tanto que para ellas y ellos(abstencionistas y centros urbanos del No) era una celebración de la racionalidad de la guerra perpetua e indiferencia a las sufridas realidades rurales.

Y sin embargo, la voluntad de vida, como fundamento de toda política posible se mantuvo y salió adelante con el último acuerdo de paz. En este se encuentran contenidos los medios hacia dos posibles vías allí demarcadas como resultado de un diálogo entre opositores, la resolución de los caminos a andar dependen de todas y todos nosotros en gran medida como pueblo (un universal unido en la semejanza de nuestras multiversalidades).

Es así, que la dicotomía planteada en los acuerdos de la esperanza o bien nos conducirá a futuro a una suerte de reacomodamiento de las fuerzas modernas del capital y su relacionamiento en tanto de cierta manera respetuoso de lo allí acordado y, una segunda perspectiva desde nuestro sentir reivindicativo popular de avanzar en la producción inmediata y futura de otra realidad, la realización de un pasaje existencial a otro tipo de racionalidad ni moderna ni capitalista.

El fundamento en este diálogo está en la re-conciliación, es este acuerdo de paz es la vida, el ejercicio de lo político desde el sagrado derecho a la vida, la vida del opositor político, no desde el fundamento del enemigo político, el enemigo absoluto al que se tiene que eliminar. Aquí el fundamento es la vida y el respeto a ella entre opositores políticos.

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De tal manera, el político moderno en su actual posmodernidad tardía desde el respeto a la diferencia, plantea la inclusión de las comunidades en la visión desarrollista moderna; hoy (por ejemplo)se dice amable con el medio ambiente. Es decir, apuestan en subsumir las llamadas minorías en la totalidad moderna- capitalista también desde un discurso ambientalista correctamente político para el contexto, aquello que no han podido realizar a causa de la resistencia popular e insurgente en los territorios pretenden hacerlo usando como medio los acuerdos de paz.

Por otro lado, tenemos la perspectiva solidaria- comunitaria- participativa como vía alternativa al desarrollo moderno- capitalista transnacional y agroindustrial acumulativo, expansivo, autocentrado. Por supuesto, esto nos lleva a la pregunta acerca de qué desarrollo hablamos, ustedes, nosotras y nosotros, todas y todos, como pueblo. Evidentemente no puede ser el desarrollo del progreso moderno en tanto capitalismo, ya que justamente nuestra crítica radica en ese mito del progreso moderno- capitalista, ¿Puede ser el progresismo resignificado hacia una no continuación de la modernidad-capitalista?.

Es entonces en todas estas resistencias locales, territoriales a nivel nacional, llevadas a cabo por pueblos étnicamente diferenciados como los afros, los indígenas, fuerzas campesinas, junto a las resistencias dentro de las urbes, y, el poder organizativo y creador de las mujeres, es entonces en todas estas resistencias en donde están planteadas- producidas y actuadas prácticas alternativas en sus cosmovivencias latinoamericanas, colombianas, regionales, sociales y comunales.

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Esto nos señala lo necesario del pasar de la crítica a la modernidad a las prácticas conjuntas en la territorialidad desbordando el límite de lo rural-regional-territorial, generando una complementariedad- reciprocidad en la acción mediada por el diálogo intercultural. Es decir, que la apertura en la interculturalidad no se limita a la interpelación en el diálogo crítico al sujeto moderno; nosotras y nosotros por ejemplo no nacimos en la ancestralidad originaria, nosotros, nosotras, nacimos en la modernidad, hablo de gran parte de la izquierda incluido el marxismo leninismo, bebimos de la modernidad, aún como izquierda fuimos colonizados y en el camino de nuestra crítica hecha lucha armada por la emancipación hoy levantamos las banderas de una segunda y definitiva independencia hacia una liberación, la descolonización definitiva del sujeto latinoamericano- colombiano.

En este trayecto han estado los pueblos ancestrales con sus místicas resistencias, las luchas indígenas, palenqueras, campesinas, feminista y de género en general, obreras etc. Ya Bartolomé de las Casas, Guamán Poma, Mariátegui, el Che Guevara, ya nos alertaban al respecto, el mismo Marx señalaba en su etapa madura la posibilidad de transitar rutas distintas, transitar hacia alternativas de modos de producción posibles desde la exterioridad al capitalismo, sin pasar por el capitalismo.

Ahora decidimos, ir más allá del capitalismo y la modernidad, para ello hace falta profundizar este diálogo y hacerlo acción unida, análoga, complementaria, reciproca, el cuerpo colonizado necesita descolonizarse y en ello es fundamental el diálogo y praxis abierto entre nosotros y nosotras, poder así seguir llenando de contenido transformador la concepción alternativa- solidaria- comunal participativa de los Acuerdos de la Esperanza.

Resulta necesario también, que estos caminos de vida sean practicados- pensados a lo mejor en su sabiduría, hacia una cosmovisión de tiempo milenario, no rígido pero si meditado, cuidadosa y estratégicamente encaminados, permitiéndonos así ser un proceso hacia la alternatividad fáctica real ante el capitalismo y su modernidad, no permitiéndonos caer en la ceguera de la inmediatez absoluta que puede devenir en un nuevo aprendizaje del error cíclico hacia la debacle.

Y lo anterior, por la complejidad del escenario neoconservador que puedan significar un retroceso a los oscuros tiempos del ejercicio central del poder ultraderechista,la unidad del pueblo excluido, asesinado, requiere de la fuerza del bloque popular explotado, oprimido y despolitizado hasta el momento, las masas, la opinión crítica, el pueblo como un todo así, entre lo inmediato y lo mediato juntos caminando.

Necesitamos profundizar, expandir, producir espacios alternativos, novedosos, creados conjuntamente y reproducirlos en otras latitudes, regionales, urbanas, nacionales, continentales, incluida la realidad carcelaria. Empezar a agrietar los muros de la segregación e invisibilización, estos muros propios de la racionalidad destructora moderna capitalista. Todos y todas juntos debemos llegar a los barrios, a la cotidianidad del sujeto urbano y hacer ruptura en su indiferencia, es una ruptura trascendental desde el interior de la totalidad moderna, una ruptura producida a su vez desde el sujeto exterior a la misma, desde el y la indígena, afro, campesina, obrera, y revolucionaria.

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Decía que incluida la realidad carcelaria y voy a permitirme aquí hacer una analogía desde lo distinto, porque la totalidad carcelaria es otra forma de paroxismo de la infamia, del castigo moderno que de ninguna manera se debe emular(condenas absurdas de encierro que no solucionan absolutamente nada de fondo); la justicia restaurativa- alternativa en buena medida también tiene fundamento por ejemplo en ustedes, hermanos mayores. Dentro de esa totalidad carcelaria desde la cual escribí estas líneas, la comunidad rebelde en algunos de nuestros espacios hemos hecho resistencia y lucha por la dignidad del ser humano en la condición de privación de la libertad y esta lucha no sería posible de no ser por el trabajo en común con la comunidad carcelaria, prisioneros sociales(preso común) , de guerra y políticos que junto al apoyo de la sociedad civil y popular exterior de los muros y, a nuestras y nuestros camaradas, este ha sido un trabajo entre distintos que han forjado momentos de unidad tras la condición carcelaria, tras los cuales obtuvimos victorias aun en semejante condiciones.

Esto ha sido una experiencia de los colectivos insurgentes con su entorno carcelario adverso y más aún al interior de nosotros y nosotras mismas pasa en que traducen avances en la pretensión de encontrar una nueva forma de justicia con contenido ético desde el oprimido también en lo penitenciario. La dominación no es eterna, pero no por eso hay que esperar pasivamente los cambios, hay mucho por hacer, también en lo penitenciario, la justicia restaurativa hay que llevarla a las comunidades carcelarias modernas y para ello debe producirse también en la sociedad en general , importante entonces que esté presente este tema en esta Minga por la Paz, estamos dialogando aquí todos estos temas y más, no los estamos haciendo en Bogotá o Medellín, y no quiero decir que esté mal hacerlo allá, quiero decir que lo estamos haciendo en lugares distintos, por ejemplo aquí, en el borde Sur de Colombia, eso no pasa por alto.

Para terminar entonces, aquí y allá está el hombre y la mujer indígena, campesina, obrera, el y la afrodescendiente, el rebelde, la rebelde, estas comunidades de los humildes en su sagrada relación con el cielo y la tierra, en armonía con la Pachamama, están para refutar el monologo que repite sin descanso que el capitalismo y su modernidad son la única alternativa posible, en donde lo alternativo es vaciado de su esencialidad transformadora en el discurso de minorías diferenciadas posmodernas bajo un capitalismo amigable con el medio ambiente, así que están ustedes las y los aquí convocados, nosotros y nosotras junto a ustedes negritudes, campesinas y campesinos, trabajadores y trabajadoras, estudiantes, academia, todos y todas juntas, debemos manifestar y producir lo que somos, unidos somos y debemos ser una real alternativa, para ser juntas y juntos, para no quedarnos en la diferencia , en la minoría, no podemos ser reduccionistas, no podemos irnos a los extremos del reduccionismo porque nos encierra materialmente-existencialmente justamente en ese discurso minoritario, bajo una supuesta abstracción de una comunidad ante las demás y la realidad es mucho más compleja que ello, descendiendo a la realidad cientos, miles, millones de comunidades que siembran alternativas en Nuestra América, que se fundamentan en el respeto a la Vida del todo, que se comunican e interactúan unas a otras, esa interacción puede ser en pro de una mayor transformación en lo mediato-futuro de nuestras realidades en clave emancipatorias y liberadoras, en los Acuerdos de la Esperanza hay una clave para avanzar en ello, una clave ancestral, comunal, social, política, cultural, económica, no debemos perder esa oportunidad, sin ortodoxias, también sin reduccionismos que nos llevan a la polarización entre quienes queremos la justicia social y el adiós a los ciclos de violencia, podríamos de forma sistémica ir transformando desde lo territorial, en la interculturalidad complementariamente con el ejercicio político (nuevamente lo señalo) una transformación del todo.

Esta puede ser la semilla multiversa, pluriversa de la alternatividad.
Muchas gracias!

Por: René Nariño.
ExPrisionero Político.
Bloque Occidental Comandante Alfonso Cano.
FARC EP.

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