Paramilitarismo mediático

Entre los años 2003 - 2006, el presidente de la época Álvaro Uribe Vélez adelanto ante los ojos del mundo un proceso de desmovilización del fenómeno paramilitar en Colombia. No sin antes cerciorarse acordar que Colombia no entraría los siguientes siete (7) años, en los procesos de la Corte Penal Internacional – CPI, organismo internacional judicial con capacidad de adelantar procesos jurídicos contra personas y no solo contra los estados como lo venía haciendo la Corte Interamericana de Derechos Humanos – CIDH. La prensa, la televisión y la radio se encargaron de sacar fotos y transmitir abiertamente la desmovilización de miles de hombres y mujeres que hacían parte de estructuras militares que defendían los poderes e intereses económicos privados a sangre y fuego, autores de masacres, violaciones, desplazamientos forzados, fueron cobijados por la ley de Justicia y Paz, la cual abrió audiencias públicas donde sin mayor reparo contaban ante las víctimas la sevicia con que actuaron en los crímenes contra sus seres queridos. La verdad en esta ocasión, se convirtió en el orgullo pomposo de lo que ellos eran capaces de hacer.

Paramilitarismo Mediático

Imagen BOCAC, farc-ep 2017

Pero la historia no termina ahí, diversos casos y estudios realizados por organizaciones de derechos humanos, señalaron que tal desmovilización no ocurrió, que por el contrario dicho proceso sufrió una “Reingeniería” en donde grupos paramilitares pasaron a ocupar espacios en los barrios más humildes de las ciudades más importantes, en donde vienen ejerciendo un control territorial, aplicando la extorsión y el ingreso forzado de cientos de jóvenes a sus filas. Así mismo, muchos otros se ubicaron en universidades públicas, con el fin de infiltrar y/o hacer labores de neutralización de los movimientos estudiantiles y sindicales que desde el alma mater emanaba.

Para el común de la gente el paramilitarismo nunca desapareció, se movilizo de zonas ya controladas por ellos y asumió nuevos espacios, con la venia del gobierno nacional; así, fenómenos macabros como "las casas de pique" en Buenaventura, los controles de área en las laderas de Medellín, Cali y ciudad Bolívar en Bogotá, se convirtieron en espacios donde se gestó un desplazamiento interno en ciudades que los medios de prensa, radio y televisión poco o nada han hablado.

Llama la atención que, pese a las desapariciones, asesinatos de líderes sociales y populares, y de defensores(as) de los derechos humanos, el gobierno nacional desconozca que en Colombia si existe el paramilitarismo. Y sin embargo, en departamentos como el Choco, Córdoba, Antioquia y Urabá, es de conocimiento de todos los campamentos de estos grupos, quienes no tienen reparo en mostrarse al mundo.

El accionar Paramilitar no para aquí, ahora se apoya en los medios masivos de comunicación para mostrar su fortaleza con una parada militar que publicaron por Noticias UNO Colombia , Imagen del día mayo 29 de 2017.

Así mismo, utilizan las redes sociales para esparcir abiertamente su política de señalamiento, amenaza y terror contra líderes y lideresas sociales, así como a guerrilleros y demás personas que trabajan por el proceso de paz; información que de manera inocente las personas vienen replicando por doquier, hecho que precisamente hace ciertamente difícil el seguimiento del origen de estas escabrosas manifestaciones, según dicen las instituciones de inteligencia policial del Estado.

Habría que pensar hasta donde el reenvió de estos mensajes por los medios masivos de comunicación, termina por cumplir el objetivo de quienes los generan, que trata de generar temor y la neutralización de los procesos que se vienen gestando, de manera masiva. Así nos hemos encontrado con amenazas a nombre de la Autodefensas Gaitanistas de Colombia, quienes amenazan con asesinar a quien este en la calle después de las 19:00 y acabar con guerrilleros y colaboradores; también con imágenes de una muchacha asesinada que acompaña un audio que señala que después de las 19:00 horas no pueden estar las muchachas jóvenes en la calle so pena de que sean violadas y asesinadas. Mi consejo personal es que no se reenvié estas amenazas a menos que lleguen de un teléfono desconocido y se informe a las autoridades competentes, como la defensoría, organismos de derechos humanos o policía. Ver también “Fuerzas que se autodefinen como paramilitares paralizan en Colombia una región más grande que Jamaica” Natalio CosoyBBC Mundo, Bogotá (@nataliocosoy) 1 abril 2016.

Pese a todo esto, el gobierno insiste en negar el paramilitarismo en Colombia y su postura ciertamente nos hace pensar que poco podemos esperar del cumplimiento del acuerdo de paz en lo referente al punto 3.4. “Acuerdo sobre garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones y conductas criminales responsables de homicidios y masacres, que atentan contra defensores/as de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos o que amenacen o atenten contra las personas que participen en la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz, incluyendo las organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo”. Pues si el Estado niega la existencia de este problema, menos podremos esperar su solución.

Queda como siempre, organizarnos, fortalecer las redes de derechos humanos y denunciar de manera fidedigna sobre donde o quienes conforman grupos paramilitares; queda organizar las comunidades, como garantía que la seguridad en los territorios sea manejada con reglas de convivencia propias de autogobiernos, que se estipulen en asambleas comunitarias y en el caso de grupos étnicos y campesinos, fortalecer las guardias indígenas, cimarronas y campesinas. No serán las armas las que nos brinden la anhelada seguridad, sino el control que las comunidades puedan ejercer sobre sus territorios.

Chavela Vargas

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