Geopolítica thrash

Por: Lucas Carvajal

Un seguimiento exhaustivo de las últimas noticias internacionales no puede generar más que desesperanza: genocidio en Yemen con público auspicio de la Casa Blanca, la Unión Europea y las monarquías del Golfo; negación del conflicto vasco por parte de los estados francés y español, y persecución de los voceros de las negociaciones de paz; auge de los partidos fascistas en toda Europa; diplomacia de paz formal y política de guerra real en Siria; retorno al neoliberalismo en Argentina y Brasil; y así, hasta el infinito. A veinticinco años de la caída del Muro de Berlín se retorna a las discursivas y a las estéticas de la Guerra Fría, los profetas de la institucionalidad burguesa -la opinión pública, los medios- pierden credibilidad al hacerse notoria su falibilidad, y el reloj del holocausto global que cuelga de las paredes de la Universidad de Chicago se ubica a dos minutos y medio del holocausto nuclear.

La geopolítica thrash

Imagen BOCAC, 2017

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Imagen BOCAC, 2017

A los ojos de quien esto escribe, la geopolítica mundial se parece cada día a más a las portadas de aquellos viejos discos de thrash metal que la nostalgia ochentera trae a la cabeza. Para el que desconozca el tema, una introducción: la década de 1980 fue una de las más prolíficas en el campo de las divisiones y subdivisiones del género musical inicialmente conocido como hard rock o heavy metal. Esta música juvenil, cuyos orígenes se remontaban a bandas o solistas de la década anterior, se expandió por un mundo enrevesado, mutando y adaptándose a contextos convulsos: auge de la ultraderecha en el Reino Unido y los Estados Unidos, guerra en Oriente Medio y Centroamérica, decadencia de la Unión Soviética y el Bloque Socialista.

Fue allí donde surgió el thrash metal, un subgénero a medio camino entre el heavy y el punk, entre el refinamiento y la anarquía. Ritmos rápidos, dobles bombos, voces rasgadas y actitud frentera marcarían una subcultura en la que el desparpajo y la agresividad mandaban la parada. San Francisco, Nueva York, Belo Horizonte y Alemania Federal fueron los núcleos de irradiación de un fenómeno global que no fue ajeno a la crítica social. Los momentos cumbres del thrash combativo: los germanos Rumble Militia ligándose al antifascismo militante; Sacred Reich y su sarcástica solidaridad con Nicaragua en pleno reaganismo; y Sepultura llevando al mundo entero el grito de las favelas.

La geopolítica thrash

Imagen BOCAC, 2017

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Pero aquí vinimos a hablar de portadas de discos. Y de discos de thrash. La estética de estas piezas demostraba la complejidad del momento político y las angustias de una juventud en rebeldía. Así, para citar algunos ejemplos, en el arte gráfico de los LP Annihilation of the Civilization (1989) y The Underworld (1991) de los norteamericanos Evildead se retrataba la burguesía financiera en su máximo esplendor “reaganiano”. A su vez, el álbum World Circus (1987) de Toxik nos presenta a un magnate americano -cuyo parecido con Donald Trump resulta apabullante- en medio de la hecatombe de la guerra atómica.

En el disco de Megadeth de 1986, Peace Sells (But Who's Buying), la sede de las Naciones Unidas en Nueva York resulta víctima de un ataque aéreo. En el LP de la misma banda, Rust in Peace (1990), un concilio de líderes mundiales con Bush y Gorbachev a la cabeza acompaña a la mascota de la banda -Vic Rattlehead- a una extraña ceremonia en la que concurren satanismo, temores nucleares y teorías de la conspiración.

Con una estética particular, la longeva banda alemana Sodom se ha caracterizado por una invocación permanente a temas bélicos en sus portadas y líricas, como en el caso de sus álbumes Persecution Mania (1987), Agent Orange (1989), Masquerade in Blood (1995) y M-16 (2001).

Por su parte, en el EP de Sacred Reich, Surf Nicaragua (1988), los de Arizona parodian referencias de la cinta Apocalypse Now, denunciando la intervención americana en la Nicaragua sandinista a través de letras comprometidas y estética transgresora, lo que les equivalió no poca censura en la conservatizada sociedad estadounidense de la época. La portada y contraportada del disco hablan por sí solas.

Caso aparte lo constituye el clásico de los californianos Vio-lence, Oppressing the Masses, de 1990. A la estética de su portada, de influencia del constructivismo soviético y del cartelismo de denuncia, se le suma la censura del sello discográfico Atlantis a la canción Torture Tactics, abierta crítica al militarismo norteamericano.

La geopolítica thrash

Imagen BOCAC, 2017

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La historia ulterior de la mayoría de las bandas de influencia global de la escena thrash es muestra de las complejidades culturales de la Posguerra Fría. Paradójicamente, paralela a la crisis capitalista de 2008 una nueva generación de bandas thrash ha venido a asumir lugares claves en el desarrollo de un renacimiento de la escena. Así, Municipal Waste, Violator, Toxic Holocaust, F.K.U. y muchas otras vienen a ser una curiosa repetición de la historia. Que nos perdone Hegel, pero la vida se encargará de demostrarnos si como tragedia o como comedia.

La moraleja, si es que existe alguna, es que contextos geopolíticos convulsos producen manifestaciones culturales convulsas. El subconsciente militante nos recuerda que los monstruos -así sean los de las portadas de los discos- surgen en los claroscuros. Convertir el desconcierto de la convulsión, el claroscuro de la geopolítica, en una real posibilidad para la transformación es precisamente el reto del campo revolucionario.

Bajo una óptica “políticamente correcta” este escrito resulta enrevesado y disonante. Sí, lo es. Justo como el thrash metal. Puede leerse mejor acompañado de esta lista de reproducción recomendada por el autor:

• D.R.I. - Violent Pacification
• Sacred Reich – Surf Nicaragua
• Sepultura – Biotech is Godzilla
• Megadeth – Peace Sells (But Who's Buying?)
• Evildead – Annihilation of the Civilization
• Rumble Militia – Chile Under Pinochet
• Sodom – Ausgebombt
• Kreator – Violent Revolution
• D.R.I. - Reaganomics
• Cryptic Slaughter – Money Talks
• Evildead – Welcome to Kuwait
• Nuclear Assault – Fight To Be Free

PD.: Un artista definitivo en el diseño gráfico de toda la oleada thrash de la década de 1980 fue Edward J. Repka, cuya obra se plasmó en discos de Megadeth, Vio-lence, Whiplash y Toxik, entre muchos otros. Va un reconocimiento para este hombre que ha sabido retratar en su trabajo la miseria de la realidad de ayer y hoy.

Lucas Carvajal.

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Imagen BOCAC, 2017

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