Crónica de Guapi

Relato de un sobreviviente del brutal bombardeo

Ejemplo de Voluntad, Esfuerzo y Sacrificio

El día asomaba tibio entre los árboles, permitiendo ver la otra ribera del rio.  Montones de tonalidades verdes complacían los ojos alegres de los guerrilleros quienes integrábamos la comisión que emprendería aquel inolvidable viaje. No era una misión común y corriente, era quizá una de las más importantes de nuestra vida guerrillera: ¡habíamos sido escogidos entre muchos más, para esa tarea!, eso nos dijo el Camarada. Éramos dieciocho guerrilleros procedentes de las unidades Simón Rodríguez, Daniel Aldana, de la Mariscal Sucre y del Frente 29.

Hoy, dos años más tarde, todavía con tristeza y dolor a flor de piel, pero con la moral muy en alto, trataré de relatar resumidamente, como fueron aquellos días – antes y después - del cobarde bombardeo en Guapi el 21 de mayo de 2015.

Monumento Guapi

Imagen BOCAC, farc-ep 2017 Monumento a los Héroes y Mártires de Guapi

Al nacer el nuevo día, cuando el sol empezaba a abrir “los ojos”, salimos de San Luis – un caserío pobre y olvidado en las riberas del indomable río Patía – por una trocha hasta un punto conocido como Patiíta, nos desplazábamos hacia el río Iscuandé, travesía que nos consumió dos horas y media, cargando los pesados morrales y nuestras armas de dotación. Allí abordamos una lancha que en dos largas horas nos llevó hasta desembocar en el río Iscuandé, un poco más arriba del caserío Santa Rita, y continuamos el viaje contra la corriente por 45 minutos más, hasta llegar al punto conocido como Juan Ventura. Nos esperaban aquí otros dos camaradas que igualmente participarían del mismo curso político que íbamos a recibir. Allí pasamos la noche.

Con las primeras luces del día siguiente – 17 de mayo – emprendimos marcha hacia el río Guapi. 5 pesadas horas de camino por la accidentada y pantanosa trocha, hasta llegar al caserío Balsita, a orillas del río Guapi, a donde arribamos pasado el mediodía. Habiendo descansado un poco, sacamos de nuestros equipos el almuerzo que habíamos preparado en la madrugada. Luego nos recogió una lancha – como estaba programado - que nos llevó por el río abajo hasta un sitio cerca del campamento que era nuestro punto de llegada, más arriba de San Vicente, un pequeño y pobre caserío en las riberas del río Guapi. En aquel lugar, donde había una pequeña casa campesina, pasamos la noche. En ese mismo sitio, un año más tarde, construiríamos un monumento en Honor y Memoria a Nuestros Mártires, Los Mártires y Héroes de Guapi.

Monumento Guapi

Imagen BOCAC, farc-ep 2017 Rindiendo homenaje a los Héroes y Mártires de Guapi

El campamento quedaba trocha adentro internándose un poco en la selva. Al día siguiente, 18 de mayo, marchamos con el alba en dirección al campamento. Llegamos. Antes de iniciar el curso era necesario retocar el plan de estudio, el horario, etc., que se realizaría colectivamente entre estudiantes y profesores, pero en ese día y los siguientes existía la prioridad de adecuar tanto las caletas para habitar, como los lugares comunes, así que nos dedicamos a esas labores sin pérdida de tiempo, obviamente luego de saludar efusivamente uno a uno a los mandos y combatientes, conocidos unos, otros que saludábamos por vez primera.

Entre quienes saludábamos por primera vez estaba un camarada a quien habíamos visto en varias ocasiones, pero en la pantalla chica, ahí estaba ante nuestros ojos, en vivo y en directo: era el Camarada Jairo Martínez, cuadro destacado originario del Bloque Sur, estuvo en la Habana como delegado de las FARC-EP en los diálogos de Paz, donde desempeñó su papel aportando eficientemente. Asimiló a cabalidad los temas discutidos en La Habana Cuba, razón por la cual al camarada le encomendaron la tarea de regresar a Colombia, a los campamentos guerrilleros, a socializar todo lo relacionado con el proceso, y entró por el Cauca en el año 2014 con la misión de darnos a conocer detalladamente cómo marchaban los diálogos y solidificar entre nosotros el impulso para seguir echando adelante este propósito de paz. Este era el noble objetivo del curso que veníamos a recibir, y que estaba a cargo del Camarada Jairo Martínez delegado de Paz, en cumplimiento de su misión: hacer pedagogía de Paz.

Yo particularmente lo conocía muy poco, de una estatura media alta y su tez bronceada propia de la raza indígena. Recordé que también había participado en los diálogos del Caguán. Fue muy querido por todos, siempre era muy amable, tenía una infinita paciencia para enseñar, la experiencia le abundaba en todos los campos, era ejemplar, fue de los más destacados comandantes, tenía muchas ganas de encontrar la Paz, creía en el éxito del proceso de Paz y murió con esa esperanza, confiando, apostando todo a la Paz, el murió con esa decisión y con la firme convicción de que La Colombia Nueva era posible mediante el diálogo.

Monumento Guapi

Imagen BOCAC, farc-ep 2017 Comandante guerrillero Aldemar Galán

Con un estrecho abrazo saludamos al Camarada Ademar Galán, comandante del frente 29 desde hacía ya varios años. Una persona objetiva, estricta y disciplinada. Se distinguía por su sólida formación político – militar. Sin temor a equivocarnos, decimos que fue ejemplo de voluntad, esfuerzo y sacrificio. Era un muy buen instructor en misiones especiales. Con total dedicación y disciplina formó en el Bloque Occidental a muchos camaradas en esta especialidad. Abreviada y cariñosamente lo conocíamos también como JJ, por haber adoptado el nombre de John Jairo. Fue y es muy apreciado y respetado por todas sus tropas y mandos medios. Su enseñanza y obra es algo que nos estimula para continuar con la lucha política y nuestras ideas, con ese ejemplo nos hace indestructibles, invencibles. El no solo decía, sino que hacía. Esto enseñaba: “La mejor manera de decir es hacer”.  Recuerdo que en el 2014 nos dictó un curso de misiones especiales, a más de 100 unidades, él era el encargado de ese curso que fue a nivel del Bloque Occidental Comándate Alfonso Cano, el curso fue todo un éxito.

Nos encontramos allí también a Gener, integrante de la dirección del 29 frente, quien venía igualmente a este curso para entender a cabalidad los avances de los diálogos en la Habana Cuba y dominar el tema para replicarlo en otras unidades.

Con Gener había llegado el Camarada Alfredo Primero, quien había sido enviado mucho tiempo atrás desde el Bloque Oriental a integrar la Columna Mariscal Sucre, por allá en el 2001. Alfredo era un comándate destacado en Misiones Especiales, pero a la vez muy versado en política, muy inteligente, tenía mucha experiencia, mucho tacto para hacer las cosas y a la vez mucha decisión. Con su estatura física de cerca de 1,70 mts, sobresalía entre los demás, su tez morena y su pelo liso denotaban su digna mezcla con la raza indígena.

Estaba allí con nosotros el Camarada Estiven, quien integraba la dirección del frente 29, muy apreciado por todos, un comandante muy joven, no alcanzaba aún los treinta años, y sin embargo experto en Misiones Especiales, de raza negra originario del rio Patía. Cuando iba al combate no le gustaba quedarse atrás dirigiendo, él iba siempre con el grupo de asalto o muy cerca de él. Se ganó la autoridad porque se sacrificaba junto con todos. Su formación la obtuvo del Camarada Jhon Jairo y de la práctica y el ejemplo de los comandantes que lo formaron, al igual que tantos otros que moldeó el camarada John Jairo.

Nos encontramos a otro camarada de “La Aldana”, a quien le decíamos cariñosamente “Piloso”, pues era muy fuerte y ágil, era alto de estatura, de raza negra, había venido hacía mucho tiempo desde el Putumayo. Muy leal y trabajador, estaba siendo promocionado para el mando, y estaba allí precisamente para prepararse en la pedagogía para la paz.

Recuerdo que saludamos también a una camarada de nombre Karina, quien había llegado años atrás a integrarse a la columna Daniel Aldana desde el Bloque Oriental. Una mujer muy inteligente, era enfermera, dominaba el tema de la medicina, desde la formulación de fármacos, todo lo relacionado con suturas, curaciones, hasta cirugías de mucho riesgo. Y como también se destacaba en el manejo educativo y político, venía como comandante delegada de la columna Daniel Aldana, para luego socializar la pedagogía sobre los diálogos de la Habana, tanto entre la población civil, como con los guerrilleros de su unidad, para afianzar el clima de paz que se venía alcanzando con la dura batalla política que nuestros camaradas desarrollaban en la capital cubana.

Karina no alcanzo a salir durante el bombardeo, tenía su caleta cerca de la mía, y supongo que al escuchar el ruido de los aviones unos segundos antes de caer las bombas, imaginó que fueran motores fuera de borda, que se escuchaban de vez en cuando al pasar por el cercano cauce del río Guapi. Muchos de nosotros al oír el ruido, instintiva y velozmente nos alejamos del sitio hacia las trincheras construidas de antemano. Ella tristemente no lo logró. Me detengo un poco en su caso, porque fue ella una de los varios heridos que poco tiempo después de caer las bombas, fueron inmisericordemente rematados con tiros de gracia por los deshumanizados atacantes. Esto se confirmó porque cuando sus familiares reclamaron el cuerpo en alguna morgue de Cali, encontraron que tenía un disparo de fusil en su cabeza, como se evidenció en otros cuerpos.

En este sitio estábamos sin lugar a dudas, un grupo selecto de combatientes – mando y guerrilleros – muy orgullosos porque nos sentíamos privilegiados al poder recibir de forma directa la instrucción, explicación y capacitación de uno de los camaradas que venía expresamente desde la mesa de la Habana a compartir con nosotros sus conocimientos y experiencias para que nosotros lo replicáramos en todas nuestras áreas.

Nos encontrábamos allí con el firme propósito de construir ambiente de entendimiento y de paz, y eso lo debía saber el establecimiento a través de sus redes de inteligencia. No estábamos elaborando planes militares como otrora necesariamente teníamos que hacerlo. Sin embargo, desataron desde las esferas del poder el más brutal ataque donde masacraron a ese notable grupo de compañeros, que hoy ya no estuvieran adelantando actividades de la guerra, sino aportando con su sabiduría, experiencia y conocimiento, a aclimatar las vías de la construcción de la Nueva Patria.

20 de mayo, aún no terminaban de llegar todos los combatientes que participarían del tan esperado curso por la Paz. Había 50 guerrilleros, más nosotros que éramos 18, y luego arribaron otros 22, y aún se esperaba que llegaran más. Muchos estaban allí desde hacía 15 días y para aprovechar el tiempo, recibieron capacitación en sistemas y en radio comunicaciones, que ya estaban finalizando.

Al darse ya la concentración de la mayor parte del personal, en desarrollo de lo planificado por la dirección, salimos un grupo grande a terminar de adecuar un campamento que había empezado a construir otro grupo de guerrilleros a unos 500 metros de distancia al oriente de donde estábamos inicialmente, donde pernoctamos los días 19 y 20, para amanecer el 21 de mayo. Al mismo tiempo se adecuaban los lugares donde permanecerían grupos de guardia de a 6 o 7 combatientes de avanzada, cuyos integrantes en su mayoría estarían participando del curso en las horas del día. Así se tenía previsto en el plan.

21 de mayo, el desayuno estuvo preparado tarde – 9 de la mañana – en razón a que las estufas a gasolina que utilizábamos no se encendían sino a partir de las 06:00 para no emitir luz que delatara nuestra ubicación exacta como información adicional a la que les proporcionaban los servicios de inteligencia. Y claro, es muy dispendiosa la asada de arepas en estufa a gasolina y eso retardó el desayuno. Ese día, mientras esperábamos el alimento matinal, realizamos otras tareas como el aseo del campamento, y también llegaron otras 13 unidades integrantes de “La Aldana”, del frente 29, de la unidad “Simón Rodríguez”, quienes se ubicaron con sus equipos y armas en el aula que estábamos construyendo, y a quienes saludábamos con mucha efusividad y alegría. Se les atendió con la limonada fresca que compensa la deshidratación de las jornadas de camino y el calor ambiental.

Luego el mismo camarada Jairo Martínez orientó y distribuyó las tareas del día, que consistían en continuar con la adecuación de las instalaciones para el curso, y la elaboración de caletas con los recién llegados.

Ese día el almuerzo estuvo listo pasado el mediodía – a las 13:00 horas – pues igualmente el desayuno estuvo tarde. El ecónomo que es quien distribuye y entrega los víveres, la remesa, la verdura, la carne, etc., para que los rancheros preparen los alimentos, había ordenado preparar frijoles con arroz, y adicionalmente el camarada indicó que fritaran unos pescados que recién había traido.

13:30 horas: todos estábamos almorzando. En condiciones normales siempre se almuerza a las 11:30 como generalmente indica el Régimen Particular en las unidades, pero en esta ocasión específica estábamos almorzando tarde.

No nos habíamos percatado que el Camarada Jairo Martínez se había ido para el otro campamento, o sea para el lugar donde inicialmente habíamos llegado que era donde estaba el camarada Aldemar Galán, ubicado a unos 500 metros de nuestro campamento. Al parecer el camarada Aldemar lo había citado a una reunión de mandos. No era común que a esa hora estuviera la dirección reunida, pero ese día lo hicieron. Estaban Gener, Estiben, Alfredo, Jairo Martínez, Aldemar Galán y otros mandos.

Estaban prácticamente todos los comandantes allí reunidos, cuando escuchamos un ruido de motores en el aire, por un instante pensé que quizá fueran las avionetas que saben fumigar la coca con el tóxico y letal glifosato. Rápidamente no enteramos por el infernal ruido, que eran los aviones bombarderos. Lo único que alcancé a hacer fue atrincherarme detrás de un delgado árbol, cerca de mi caleta, el tronco era como de unos 30 centímetros de diámetro donde ataba las cuerdas del techo de mi caleta. Me acuclillé, y empezaron a caer las bombas, la primer bomba cayo en el campamento donde estaban los mandos reunidos, fue directa y mortal contra los camaradas.

Después empezaron a sonar más bombas fueron, 12 explosiones en total de las bombas que salían de 6 aviones. Cada súpertucano disparó dos de 500 libras.

Bombazos en Guapi

Imagen BOCAC, farc-ep 2017 Cráteres de las bombas luego de un año

Muchas de estos mortíferos artefactos impactaron junto o encima de donde estaba ubicada la caleta del Camarada Jairo Martínez, y una exactamente en el aula donde estaban almorzando los camaradas que recién llegaron.

En medio de estas aterradoras explosiones, sentí que un fuerte y enardecido viento, caliente como vapor que me empujó en segundos y me lanzó tambaleante al suelo, era la onda expansiva de la bomba que había impactado junto a mi caleta.

Unos instantes después reaccioné y al mirar a mi alrededor, todo estaba lleno de una densa bruma como humo blanco que no permitía ver nada, acompañada de un repulsivo olor a pólvora. Luego, por un tiempo que no logro cuantificar, todo fue silencio, como si el tiempo y el universo se hubiesen detenido. Lo primero que volví a escuchar, fue la voz angustiada de una compañera pidiendo ayuda. Quise levantarme, pero mi cuerpo no respondió y volví a caer pesadamente al piso, fue entonces cuando me enteré que en mi pierna derecha se habían incrustado dos esquirlas, una de tamaño considerable que me ocasionó una gran herida, y otra un poco más más arriba. Para completar la gravedad, una tercera esquirla que se alojó a la altura de la columna vertebral, que por fortuna no ocasionó lesión ósea. La bota de mi pie derecho se estaba llenando de sangre cuando traté de tomar una posición semi erguida soportado en mi pierna izquierda, no pude más y tuve que arrastrarme hasta la quebrada donde nos bañábamos, bregando a salir de aquel infierno. Oí a Camila que gritaba: “camarada ayúdeme”.

Camila era la ranchera ese día. Parece que había alcanzado a atrincherarse de la mejor manera que pudo, pero de todas formas una esquirla le alcanzo un hombro dejándole descolgado el brazo. Por lo menos contó con la “fortuna” que no recibió lesiones en las piernas y pudo moverse caminando, tomando el brazo partido con la mano sana. Con los días al asistir al médico le implantaron platinos para salvar su brazo.

En estas circunstancias y habían pasado ya algunos minutos luego del bombardeo, se nos unió el camarada Albeiro, quien había corrido con mejor suerte, pues solo estaba aturdido por las explosiones. Un tanto desesperado preguntaba: “por dónde es, por dónde es”, refiriéndose a la ruta de retirada que se tenía prevista en el plan de emergencia. Nosotros que estábamos recién llegados solo sabíamos que era por ese lado, pero esa ruta estaba molida por las bombas y se hacía imposible transitarla.

Albeiro soltó de pronto una frase que cayó estrepitosamente sobre nosotros: “¡Mataron al camarada Aldemar! ¡Le cayó una bomba encima!”. Esa noticia fue como una espuela que nos aguijoneó, pues entendimos que si murió el camarada Aldemar, seguramente también los demás, pues estaban todos juntos en la reunión. Inmediatamente hicimos conciencia que debíamos ante todo retirarnos del lugar, pues la esperanza instintiva y remota de que los jefes lograran reunir a sobrevivientes y hacer una resistencia y retirada organizada, se esfumaba.

Sabíamos además con certeza que siempre en estos casos vendrían helicópteros a disparar ráfagas guiados por indicación de las tropas que tuvieran en tierra aproximándose al lugar de los hechos, y desembarcos de nuevas tropas en el área.

El fusil, el equipo, no los pude sacar, todo se quedó allá – pensaba yo entristecido – pues son los elementos que nos dan seguridad en la selva.

Como pude agarré un tronco delgado y utilizándolo a manera de muleta unas veces y de bastón en otras, salimos del lugar en retirada definitiva.

Había muchos heridos y debíamos retirarnos lo más rápido y distante posible. Pasamos otra pequeña quebrada, y luego una leve y poco empinada montaña. Íbamos allí cuando de repente se escuchó el ruido de los helicópteros y de las ráfagas de punto 50 que descargaban sin piedad barriendo la selva. Desde la elevación de la montaña donde nos encontrábamos, pudimos ver 5 helicópteros: dos de ellos lanzaban ráfagas mientras de los otros descendían tropas por cuerdas.

Inmediatamente desembarcó la tropa, empezamos a escuchar disparos aislados en los lugares donde fueron los campamentos: eran los “héroes de la patria” asesinando a sangre fría a nuestros compañeros y compañeras que habían quedado heridos y no tuvieron oportunidad de moverse del lugar. Un crimen de lesa humanidad que fue demostrado después, porque la mayoría de los cuerpos tenían tiros de fusil a quemarropa. Ni un solo herido resultó entre los 32 cuerpos que se llevó el ejército, pues a todos los remataron con tiros de gracia. La historia se encargará de calificar esta aberración, pues el gobierno se las arregló para ocultar semejante crimen de lesa humanidad.

Todos los que sobrevivimos y podíamos movernos, nos fuimos retirando. Ya más tarde todos los sobrevivientes estábamos en el lugar de encuentro previsto en el plan defensivo. Los mandos medios que estaban con nosotros, y nosotros mismos, nos organizamos y empezaron a ser trasladados los heridos a otro lugar.

Algunos camaradas lograron sacar sus armas. Con esos fusiles y con los camaradas que menos lesiones tenían, se montó una seguridad periférica al lugar donde nos encontrábamos, en la certeza que seríamos capaces de batirnos hasta el último aliento para demostrar al asesino que si nos enfrentábamos cara a cara tendrían que poner sus muertos, contrario al bestial bombardeo hecho a mansalva y el posterior y sanguinario asesinato a sangre fría de los heridos.

Fueron llegando otros camaradas, y otros varios se fueron agrupando en algunas casas en las riberas del río Llantín, afluente del río Guapi, como nos enteramos después.

Ya habiéndose enfriado el ambiente, y en medio del dolor y la profunda congoja, empezamos a relatar las versiones de lo que cada uno de los sobrevivientes percibió: alguno dijo que una bomba había caído junto a la oficina donde estaban los mandos reunidos, y otra sobre el aula donde estaban un grupo grande de guerrilleros almorzando, que fue donde se produjo el mayor número de víctimas. Aventuramos apreciaciones breves respecto al porqué sucedió semejante hecatombe: faltó cuidado al revisar los aparatos electrónicos posibles portadores de microchips, los detectores de esos artefactos fallaron o no se utilizaron adecuadamente, talvez excesiva confianza al creer que el evento que adelantábamos estaba encaminado a construir paz desestimando que los amigos de la guerra son inhumanos. En fin, conjeturas tratando de encontrar una explicación.

Continuamos la retirada llenos de tristeza porque los guerreristas habían propinado un golpe artero a la construcción de confianza para la convivencia pacífica. Nos fuimos sin recibir lo que con tanto anhelo queríamos aprender para convertirnos en semillero de la Paz, que es lo que Colombia necesita. 

Homenaje en Guapi

Imagen BOCAC, farc-ep 2017 Combatientes honran la memoria de los Héroes y Mártires de Guapi

De una cosa sí estamos completamente seguros, y es que en nuestro camino siempre van a estar presentes nuestros camaradas “Héroes y Mártires de Guapi”, impulsando nuestra acción. Los recordaremos siempre con esa Voluntad, Esfuerzo y Sacrificio. Ellos entregaron su vida apostándole a la Paz con Justicia Social.

Hoy todos los Farianos y Farianas decimos a una sola voz:

¡Camaradas, "Héroes y Mártires de Guapi", Hasta Siempre!
¡La Nueva Colombia está germinando con su esfuerzo y sacrificio!

Jacinto Constante
Guerrillero de las FARC-EP

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