Túpac Amaru vive en la lucha de los pueblos

La Rebelión de Túpac Amaru II fue el movimiento popular más importante llevado adelante por los pueblos americanos durante el periodo colonial, y lo fue precisamente porque a diferencia de la Independencia, no fue una rebelión de los marqueses criollos para explotar mejor sus colonias, sino un movimiento de fuerte raigambre popular que buscaba emancipar a las comunidades indígenas sometidas por los conquistadores de la Metrópoli y los criollos del mundo colonial.

Túpac Amaru

Imagen BOCAC, FARC 2017

Las condiciones de opresión de los pueblos andinos, para fines del siglo XVIII, se habían agudizado. La situación de pobreza generalizada de las comunidades conquistadas, los pocos experimentos productivos que habían dado resultado, fueron demolidos, el intento precario de modernizar el sistema económico feudal del Imperio Español y las “Reformas Borbónicas” trajeron solo crisis a las colonias, y quienes pagaron dicha crisis fue el mundo indígena, el mundo de los oprimidos, el mundo de los siervos y esclavos.

José Gabriel Condorcanqui, descendiente de los antiguos incas, sería quien encabezaría este creciente malestar. Trascurriendo el año 1.700, la muerte de Atahualpa, la destrucción del incario, la derrota de los generales incas, se habían convertido en tragedias panandinas; los pueblos que antes peleaban entre sí, y que muchas veces se habían alineado con los colonizadores para vencer a sus enemigos internos, ahora reconocían en los españoles a un enemigo universal, a un opresor brutal que los había unificado en el dolor; ahora los pueblos andinos, unidos contra una enemigo brutal, decidieron pelear bajo el mandato de quien se haría llamar en la lucha Tupac Amaru II, en recuerdo del último inca de Vilcabamba, asesinado por los españoles.

El levantamiento tendría repercusiones en todo el mundo andino. En las diferentes comunidades del virreinato la llama de la insurrección comenzó a expandirse, pronto de todas las comunidades de la Puna, del Altiplano, de las hoyas se sumaron al renacido Capac Apo; y, marcharon contra los colonizadores como un río de lava que incendió un universo de opresión, en la Puna guiarían a las masas indias Micaela Bastidas y Tomasa Condemayta, en el Altiplano la llama del levantamiento sería empuñada por Tupak Katari y Bartolina Sisa, mientras en las hoyas por Lorenza Awemañay y Cecilio Taday. Todo el continente se vería conmovido por la insurrección, y las bases de la dominación colonial quedarían alteradas para no recuperarse jamás.

Para derrotar a los insurrectos, el régimen colonial armaría a los criollos, y estos desatarían su brutalidad contra las tropas indias, derrotándolas y apresando a sus dirigentes, que uno por uno serían torturados y asesinados buscando acallar para siempre los afanes de libertad y justicia. Túpac Amaru II, sería torturado y asesinado en la Plaza del Cuzco, donde los colonizadores y criollos intentarían descuartizarlo con cuatro caballos atados a cada una de sus extremidades, tras fracasar ante la voluntad de hierro del guerrillero, lo decapitarían y mandarían sus extremidades a los cuatro puntos del virreinato, dejando en tal acto de barbarie la amenaza sembrada sobre los pueblos.

El martirio de Bartolina Sisa, Tomasa Condemayta, Tupak Katari, Cecilio Taday, Lorenza Awemañay y demás insurrectos indios marcará la historia no contada de América. Años después los criollos, asesinos de los levantamientos andinos, encabezarán una insurrección contra la corona y fundarán republiquetas para explotarlas a su antojo, y contarán la historia desde su óptica como nueva clase dominante. Y buscarán ocultar para siempre las narraciones de los verdaderos levantamientos revolucionarios que propusieron una América realmente libre: libre del yugo de la colonia española, pero libre también de la opresión criolla, libre de todas las cadenas de la opresión de la propiedad privada, y en busca de renacer como una nueva sociedad de justicia e igualdad.

Tardarían más de cien años para el surgimiento de una nueva clase revolucionaria que retomará como propia la historia de Túpac Amaru II. El proletariado andino leerá en el levantamiento indio el antecesor directo de las luchas que ahora le tocará librar contra el capital, leerá en la épica de los guerreros andinos, la necesaria referencia de cómo se construye el porvenir. Los pueblos de América propondrán una comunión íntima entre los mártires coloniales y los nuevos mártires que transformarán la semifeudal sociedad americana. Y entonces se construirá una historia conjunta de los pueblos, una historia de 500 años de resistencia y guerras contra la opresión y la injustica, y entonces Túpac Amaru II se convirtió en el puente entre los guerreros que resistieron a los colonizadores allá por el 1500, y los guerrilleros y luchadores que enfrentarán al capital en el siglo XX y el siglo XXI; el Inkarri entonces se convierte en el mito andino, pero ya no solo en el mito del mundo inca disuelto, sino en el mito de la Revolución Proletaria, en el mito del Socialismo, en el mito comunista que demandaba Mariátegui.

MOVIMIENTO GUEVARISTA TIERRA Y LIBERTAD

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