Yo creo en Colombia

Aceptar el cambio es un poco difícil, más cuando resignada y calladamente se ha convivido con el miedo de expresar lo que pensamos o sentimos, más cuando hemos sido testigos de los ríos de sangre, dolor y lágrimas que han bañado nuestras tierras sin que nadie acuda a nuestro auxilio.

Pero “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”, nos decían los mayores. Por eso es hora de sacudirnos, de levantar la rodilla hincada en tierra y con la frente en alto asumir el papel como indiscutibles artífices de nuestros propios destinos, porque los cambios en esta coyuntura, traen consigo verbo y acción de masas, de otra forma no se conciben.

Es momento de hacernos un juicioso acto de contrición y análisis, porque más por omisión que por acción, hemos permitido que se siembre el odio, la violencia, la intolerancia, el irrespeto y demás antivalores que nos atan y llevan a perecer; ahora es el momento de decir “yo creo”, “nosotros creemos”, “tod@s creemos” y nos comprometemos a construir un nuevo porvenir, en el cual la felicidad y el mejor estar sean un derecho irrevocable, donde la paz no se demande sino que ésta sea un hecho cotidiano, donde el bienestar sea política diaria de tod@s sin excepción, sin distingos de raza, religión, opinión política u orientación sexual. El compromiso es dejar de matarnos, dejar de estigmatizarnos, y por el contrario, vernos como herman@s, hij@s de una misma Madre Patria.

¡Porque el derecho a gozar de un país soberano, con real democracia y en paz con justicia social estable y duradera es asunto de tod@s, digamos: “Yo creo”!

Comisión de propaganda BOCAC.

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