"La Fuga" torturado y encarcelado

Con cariño, humildad, pero ante todo con mucho respeto por todas las personas que puedan llegar a leer y conocer esta dura, importante y finalmente feliz historia que a continuación voy a contar:

A tombos, jueces y fiscales ¡solo el polvero les dejé!

Soy un sencillo guerrillero de las FARC-EP, mi nombre es Giovanni Castro, cariñosamente la guerrillerada me llama “Jota”.

La captura

El día 22 de diciembre de 2000, estando en condiciones de total indefensión, al estar enyesado de una pierna desde la cadera hasta el tobillo y sin tener ni siquiera una aguja en el bolsillo, fui capturado en la ciudad de Bogotá, en operativo llevado a cabo por unidades del GAULA urbano o de la policía nacional de Ibagué, en coordinación con la DIJIN, SIPOL de Bogotá. Durante 10 horas fui sometido a cobardes métodos de torturas: se me introdujo la cabeza dentro de una bolsa y me propinaron descargas eléctricas, ello sumado a permanentes golpes en la cara, en la cabeza y en la pierna enferma.

El día 23 del mismo mes, fui presentado “como el jefe de finanzas del frente 21” a todos los medios de comunicación por el señor general de la policía Zocha Salamanca en la ciudad de Ibagué en el comando departamental de policía Tolima. En esa época era director general de la policía el señor general Luis Ernesto Giliber. Durante tres días estuve en los calabozos de la Permanente de Ibagué.

Fuga frustrada

El día 26 de diciembre fui internado en la cárcel distrital de Ibagué o cárcel de La Diez, como también se le conocía. Desde el primer momento que entré al patio 2 de esta cárcel vi y pensé que había buenas posibilidades de buscar la libertad, pero también tristemente me enteré que el cacique del patio no permitía que se hablara de ese tema. Digo que tristemente porque esta persona también era un mando guerrillero, parece que tenía un buen negocio para lucro personal.

Muy pronto en esta cárcel fui enterado de que era muy fácil salir de ahí teniendo plata. Este canal lo manejaba directamente el cacique del patio. A mí me dijo que con quince millones me sacaban y me garantizaban botarme a cuatro cuadras lejos de la cárcel, pero eso para mí era imposible, pues plata no tenía y mucho menos esa cantidad, así que era una opción que había que descartar. Luego se me arrimó un preso social y me dijo que él estaba embalado con varios procesos por extorsión y que estaba dispuesto a intentar una fuga, él la denominaba “irnos de garita” y consistía tomar de quietos los guardianes de dos garitas y por el patio de las mujeres alcanzar la calle. El grupo tenía que ser muy reducido, máximo 7 personas. Él se comprometía a poner las pistolas. Se sabía que el señor sí tenía ciertas posibilidades económicas.

Atentamente lo escuché. Me pareció que era viable y posible concretar esta fuga; le dije que lo iba a pensar y a analizar bien y que luego volvíamos a hablar; casi simultáneamente nos llegó la información por parte de personas de afuera, que por debajo del patio 2 de la cárcel cruzaba una quebrada que unos años atrás había sido canalizada, y que la encontraríamos si cavábamos en la celda 13, a unos 4 metros de profundidad. La información era verídica. Hicimos unas exploraciones o reconocimientos y encontramos que uno podía salir perfectamente parado, el único problema era que la alcantarilla o quebrada era oscura y también si llovía la alcantarilla se llenaba y, obvio, lo podía ahogar a uno. Calculábamos que el trayecto que había que recorrer era aproximadamente de 1 kilómetro. La quebrada desembocaba o, mejor dicho, nos conducía muy cerca de una de las garitas de seguridad de la sexta brigada. Nos inclinamos por trabajarle a esta opción para tratar de buscar la libertad.

Para nuestra suerte, los señores del INPEC habían traslado al compañero cacique del patio para La Picota en Bogotá; sin embargo las cosas no eran color de rosa. El compañero había dejado las armas nuestras o de la organización en manos de unas personas que eran contrarias a las formas, métodos y políticas en los que nosotros creíamos para un buen vivir en las cárceles, por tanto esta información e intención teníamos que seguirla teniendo y manejando con absoluto hermetismo.

A mediados del mes de abril ya teníamos adentro en nuestro poder un taladro y algunas linternas, que realmente eran las cosas que necesitábamos para concretar esta fuga. Se nos había dicho que en unas 5 ó 6 horas podríamos romper hacia el sitio que necesitábamos. La fuga la teníamos organizada para un sábado a finales de abril. Otra pequeña dificultad era que yo, quien encabezaba este proyecto, aún no me había recuperado de salud, seguía usando una muleta y en ocasiones un bastón.

El plan era para llevar a cabo una fuga masiva, pero estos sueños al menos para mí y un compañero eleno, al igual que para un civil amigo, se esfumaban el jueves: dos días antes nos estaban trasladando hacia la penitenciaría de Picaleña. Al día siguiente los bandidos a los que el compañero cacique les había dejado las armas arriaron o sacaron del patio a la gran mayoría de los prisioneros políticos, unos 45 en total.

Esta fuga nunca se llevó a cabo, la mayoría de estos presos fueron a parar a Picaleña, donde yo ya estaba ubicado y fraternalmente los recibí, la mayoría veían en mí alguna posibilidad de buscar la libertad. En Picaleña las cosas serían a otro precio, habría que volver a empezar. Picaleña era Picaleña.

Llorando en Picaleña

La primera semana pisando el mes de mayo sin duda fue muy dura para mí, no terminaba de entender por qué estaba tras de tantas rejas, pero en fin, recordé que quien persevera alcanza y me pregunté si valdría la pena seguirlo intentando. Sin pensarlo tanto me respondí: lo voy a volver a intentar y esta vez lo voy a lograr. Claro, eso solo era un sueño, ni siquiera había aprendido a guardar un pequeño cuchillo; en todas las rascadas o requisas practicadas por la guardia me lo encontraban y lo perdía.

Opté por tratar de conocer un poco el personal que había en ese patio, pero ante todo a los compañeros que se identificaban como guerrilleros y milicianos y en general a todos los que se consideraban prisioneros políticos. Muy pronto pude identificar que eran muchos los camaradas en que iba a poder confiar, pero también pude conocer a varios de los que me iba a tener que cuidar: es el caso de los traidores, que allá posan de ser buenos y para mi mala suerte el compañero cacique y responsable de los guerrilleros farianos era un amañado en la cárcel, también tenía algo de negocios para su interés personal, por tanto no le convenía que se llegara a llevar a cabo algo así como una fuga, pues en estos casos para el INPEC el responsable es el cacique del patio. Quiero dejar claro que este compañero no era mal elemento, el caso era que no estaba dentro de sus planes ese tipo de libertad, solo quería salir por la puerta grande, no era ese el caso del compañero cacique del patio 2 de la Distrital. En fin, vale más ser prevenido. Nunca le mencioné a él la palabra fuga, sí lo hablaba con otros comandantes que también estaban allí.

Recordando a Harrison

Muy rápido, seguramente a mediados de junio, abro un paréntesis: el querido camarada Harrison 47, intentó sin éxito una fuga mediante el método del cambiazo, que consistía en que una persona entraba a visitar a alguien y venía preparado para quedarse. Todo el misterio era que había unas personas expertas en copiar un sello que una reseñadora del DAS ponía en el brazo de todos los visitantes. Harrison falló porque no tuvo en cuenta que el señor que se quedaba tenía desperfectos en uno de los dedos: el dedo era feo y porrudo. La señora reseñadora era antigua y experimentada y sin ser norma o regla tuvo la precaución y escribió el desperfecto del dedo de este señor; al llegar el camarada Harrison no le apareció el dedo porrudo y feo. Aunque el director autorizaba la salida del camarada, la reseñadora se mantenía en la posición que todo coincidía menos el dedo malo. Total, Harrison solo consiguió que lo trasladaran y lo aseguraran en otra cárcel más brava.

¡Cuánto hubiera querido que Harrison 47 me hubiera acompañado en nuestra fuga!

Coniciendo a Monedita

Cierro paréntesis para seguir con nuestra historia: el primer paso que teníamos que cumplir era armarnos para de algún modo en cualquier momento imponer nuestro criterio. Entramos un revolver con harta munición, así quedaba yo armado; después entramos otra pistola. El tiempo corría muy rápido, por esta época ya teníamos claro que sí era posible intentar una fuga, pero también qué tipo de fuga. Todo seguía estando en los deseos, necesitábamos más armas y explosivos, estopines, mecha lenta y otras municiones. No teníamos esto pero tampoco teníamos plata.

Por los últimos días de agosto llegó un nuevo prisionero político. A mí se me informó que él era un comandante de otra organización guerrillera. Diariamente lo miraba siempre serio y poco charlatán, pero se le veía irradiar cierta autoridad. Un día cualquiera se me arrimó un prisionero político y me dijo que Fredy Monedita quería hablar conmigo, pues ese era el prisionero político del que hablo un poquito atrás.

Para el día siguiente acordamos la entrevista entre Monedita y yo. Monedita se me presentó como uno de los mandos del Jaime Bateman Cayón, me dijo que estaba condenado a 40 y tantos años y con varios procesos más en su contra, por tanto estaba dispuesto a intentar cualquier cosa para buscar la libertad. Me contó que en Armenia, capital del Quindío, él tenía guardadas 14 barras de pentolita, 4 pistolas, estopines ineléctricos, 2 granadas y algo de munición; solo me detuve a decirle que yo también estaba muy emproblemado, con varios procesos delicados y que yo también estaba dispuesto a buscar la libertad al precio que fuera. Acordamos que el domingo, que era la visita de las mujeres, entraba la persona que tenía ese material guardado. Muy temprano ese día acordado entró la persona, pasó a mí celda y se produjo un encuentro entre Monedita, la persona mencionada y yo. La persona me confirmó exactamente lo que me había dicho Monedita; solo en el caso de las pistolas aclaró que había apenas 3, a alguien le había entregado una y no la había vuelto a traer. Sin pensarlo tanto le dije a la persona que ¿cuándo yo podía mandar a recoger ese material? y me contestó que cuando yo quisiera ella estaría lista para entregarlo; acordamos que el próximo domingo nos volveríamos a encontrar para yo relacionarla con la persona que le iba a recibir.

Esa semana yo llamé a 3 mujeres para tratar de convencerlas de que me ayudaran en esta aventura en la que me estaba embarcando. Así fue, las mujeres entraron cumplidas, una por una las fui llamando a mi celda, después de hacer una buena charla les informaba el motivo del llamado. Ninguna dudó para decirme que me ayudarían porque me querían ver era afuera.

El lunes una de ellas madrugó para Armenia a recoger ese material, en la tarde me llamó y me dijo que ya tenía en sus manos el encargo en Ibagué. Para guardar eso, yo había mandado a sacar en arriendo un pequeño apartamento en esa ciudad. Hasta ahí íbamos bien, pero faltaba lo que pensábamos iba a ser más difícil: la entrada de ese material. Los ahorros que yo tenía ya se estaban acabando y tampoco teníamos la menor idea con quién y por dónde íbamos a entrar eso. Entendí que el paso a seguir era conseguir la plata. Lo medité muy bien, pensé en mis principios de revolucionario y que seguramente de cualquier manera no debería conseguir esa plata, pero también entendía que la libertad mía y la de tantos compañeros podría ser un hecho muy importante para el proceso revolucionario y la historia de este país.

Llamé a mí celda a un exguerrillero de las FARC-EP, le conté la intención y el plan que teníamos y le dije que uno de los problemas era la plata para entrar eso. Me respondió “viejo cuente conmigo, yo soy capaz de conseguir esa plata, si usted me lo autoriza, me consigue un teléfono, tarjetas y una celda que tenga señal”.

En busca del dinero para la fuga

Al día siguiente mandé a llamar al cacique de otro patio, ya teníamos cierta amistad, era un buen hombre. Le conté mis problemas con los procesos que la Fiscalía me estaba adelantando, le dije “por la puerta nunca voy a salir”, me contestó “comandante, ¿en qué le puedo servir?”. Yo había escuchado que desde ese patio robaban o mejor dicho hacían llamadas para extorsionar, le dije “necesito una plata para organizar una fuga, necesito de usted, que me haga el favor de prestarme un teléfono para que alguien consiga esa plata”, dijo el hombre “le presto el teléfono y la cuenta para que le consignen, a partir de mañana tres horas diarias, yo mismo le llevo el teléfono”. En algunas ocasiones nos le quedamos más tiempo con el teléfono. El ex guerrillero empezó su misión, que era conseguir la plata. Los dos habíamos acordado que de ese dinero, que lo íbamos a conseguir mal conseguido, no nos íbamos a tomar ni un solo tinto, era solamente para conseguir la libertad.

Era principios de septiembre. Un día domingo en horas de la noche, varios de los presos estaban bebiendo chamber (un trago pasado de alcohol que ellos mismos preparan), seguramente para disipar las penas. Yo vivía en el cuarto piso; el sitio de ellos beber era casi siempre en el primer piso.

Después de yo verme los titulares de las noticias de la 7 de la noche, salí de mi celda y los miré abajo y los saludé. A los gritos me decían “¡viejo baje!”. Les hice caso, cerré mi celda y bajé, había como unos 20 tomando, a todos los saludé de mano y les recibí un jugo. Se me arrimó un prisionero político y me dijo en el oído “viejo yo sé que usted está embalado y quiere buscar el hueco, hoy estoy tomando pero mañana le reafirmo lo que le voy a decir ahora: yo tengo el canal con la guardia para entrar lo que sea”. Yo quedé perplejo y le dije “mañana a las 10 de la mañana hablamos de eso en mi celda”. Así fue, a las 10 de la mañana en mi celda se produjo la conversación, con ésta a mí se me empezaba a aclarar el panorama para tan grande propósito y por primera vez entendí que en este tipo de sitios con la plata se consigue todo, o al menos casi todo. Como pueden ver a estas alturas las cosas ya estaban más claras.

A mediados de septiembre ya nos habían entrado las primeras 2 barras de pentolita, los estopines y la mecha lenta; eso significaba que teníamos que empezar a confiar en más camaradas para ir guardando este material. Seleccionamos un grupo de 5 camaradas para que se hicieran al frente de ir guardando todo lo que iba entrando. Los otros mandos que me acompañaban en estas duritas decisiones eran Isaías o Garganta 47, Fredy Monedita y Aldemar, otro prisionero político. En los 5 responsables de guardar el material estaban Chita y Ariel, incondicionales conmigo desde que llegué a la cárcel, Chita del 21 Frente, Ariel del ELN. Siempre los voy a llevar en el alma y en el corazón. He tratado de no mencionar unos nombres por obvias razones, entre éstas la de seguridad para ellos, pues algunos están libres, otros están presos, también otros están muertos, entre ellos mi apreciado Chita.

A mediados de octubre me volví a reunir con el muchacho que estaba consiguiendo la plata, hicimos cuentas y encontramos que ya debería haber en la cuenta donde habían consignado esa plata unos 30 millones. Procedieron a darle audio a la cuenta y se confirmó que el dinero estaba ahí, o sea que habíamos resuelto un obstáculo más de los que había en el camino.

A los 4 días me informó el cacique del otro patio que ya tenía la plata adentro, le dije “hágame el favor y pide permiso para yo ir a su patio”; el cuento era que iba a negociar una mesa de billar pull. Chita y Ariel me acompañaron, ya teníamos unas armas, los tres íbamos armados, yo les decía que nos podían tender una trampa, que recordáramos que estábamos era en la cárcel, pero no fue así, para nuestra fortuna el compañero era un buen hombre, correcto y realmente me iba a entregar la plata. Hicimos otras cuentas, la persona que había prestado la cuenta automáticamente y por la derecha sacó el 30%, los tombos que la entraron sacaron otro porcentaje. Total, a nosotros solo nos entregaron 17 millones, eso más o menos valía la entrada de todo el material que a estas alturas ya estaban entrando.

Llegue al patio y repartí la plata en el grupo que tenía la responsabilidad de guardar. La cara de estos camaradas era de inmensa felicidad, sabían que esos millones y ese material que estaban guardando era nuestra libertad, aunque yo nunca les había manifestado para qué era, pero ellos en el fondo de su ser se lo imaginaban. Yo no les podía ayudar a guardar nada porque yo era un pendejo para eso, dejaba perder todo lo que guardaba.

Las cosas van marchando bien

Empezando el mes de noviembre ya prácticamente estaba adentro la mayoría del material. Hicimos una reunión donde participaron Fredy Monedita, Isaías Garganta, Aldemar y mi persona, ahí miramos ya cuál sería propiamente el plan militar. Hasta ese momento no teníamos gente que desde afuera nos ayudara dándole plomo a los guardias de 4 garitas, que de cierto modo eran un obstáculo, pero de todos modos solos nosotros, los que estábamos adentro lo íbamos hacer. A esta reunión llamamos a Iván, un exguerrillero de los elenos, del frente Bolchevique, que operaba en el norte del Tolima; él nos había dicho que era buen explosivista, le preguntamos que si él se sentía en condiciones de poner una de las bombas. De inmediato respondió que sí, y que el hermano de él, otro exguerrillero eleno, al que llamaban Coconuco, ponía la otra bomba. Estas reuniones nos tocaba hacerlas muy cortas, pues las estábamos haciendo a las espaldas del cacique del patio.

Empezando el mes de diciembre, entró al patio un guerrillero del ERP a visitar al comandante de ellos, que era Gonzalo y también sabía que estábamos planeando una fuga. Llevó al muchacho y me lo presentó, yo muy amablemente lo saludé y lo mandé a entrar a mi celda. Gonzalo se fue y el muchacho se quedó en la celda conmigo, me contó parte de su historia y de lucha del ERP, la historia no era del todo agradable. El frente Tulio Barón de las FARC-EP los atacaba y en uno de esos ataques había caído muerto un hermano de él, seguramente unos 3 años atrás.

Después de escucharlo atentamente procedí a darle una buena charla de concientización sobre la importancia de esta lucha y la revolución, hablamos del despeje del Caguán y de los diálogos con el gobierno de Pastrana, de Bolívar y hasta de Papillón. Después de unas 3 horas entre uno y otro tinto amarguito que me los preparaba el viejo Rey (otro prisionero político) me dijo el muchacho “comandante yo en mi poder tengo unos fusiles y unos muchachos del ERP que me copian, si yo en algo le puedo ayudar cuente conmigo”, solo atiné a preguntarle si él podía volver a entrar el próximo fin de semana, me dijo “si usted dice, aquí estaré”. En el curso de esa semana hablé largo rato con Gonzalo, le indagué más sobre el muchacho, me respondió que era buen joven, serio y responsable, que se podía confiar en él.

Tocó pasar fin de año en la cárcel

Muy puntual el muchacho entró como habíamos acordado el sábado siguiente, le di a conocer el plan que teníamos, nuevamente me reafirmó la voluntad de ayudarnos, me dijo que yo diría para cuándo. Tentativamente teníamos la fecha para la noche del 24 de diciembre de 2001, pero claro, esa fecha no se pudo, entonces la corrimos para el 31 de diciembre, pero tampoco se pudo; para estas dos fechas el Ejército aseguró alrededor de toda la cárcel, así que tocó pasar navidad y año nuevo en ese roto. El 31 en horas de la tarde los tombos nos hicieron entrega de unos últimos tiros de 9mm que nos estaban debiendo, por tanto y como habíamos pactado que les pagábamos cuando terminaran de entrar todo, les mandé a preguntar a cuánto nos subía la deuda y eso subió un poquito más de 15 millones de pesos.

Parece ser que a las 6 de la tarde del 31 de diciembre, los tombitos se iban de vacaciones, mientras nosotros pacientemente sabíamos esperar. El Ejército estuvo alrededor de la cárcel, si mal no recuerdo hasta el 7 u 8 de enero. También tuvimos que disponer de 2 mujeres para que nos verificaran unos obstáculos alrededor de la cárcel: el primero era una zanja que deberíamos superar, se nos decía que era una zanja muy honda, ancha, llena de agua y peligrosa; el segundo obstáculo era una malla de 12 metros de alta y pues sí, la zanja estaba y la malla también, sabíamos que teníamos que sobreponernos ante estos obstáculos. Finalmente fijamos la fecha del 14 de enero para la fuga, a las 9 de la noche.

El dinero se nos había acabado, nos faltaban 5 millones para comprar un carro gemeliado donde se deberían movilizar los 4 muchachos que nos iban a ayudar desde afuera. Esa plata nunca la pudimos conseguir, por tanto el carro no lo pudimos comprar.

El día 14 de enero, como a las 8 de la mañana, pasamos un susto grande, pues los alrededores de la cárcel estaban plagados de la policía de carabineros. De inmediato creímos que alguien nos había sapeado, empezamos a indagar hacia fuera y rápidamente nos enteramos que era que el día anterior había llegado a esta cárcel el narcotraficante llamado “el Alacrán”, entonces esa policía lo que estaba haciendo era diseñando un dispositivo de seguridad para ese señor.

Esos policías a las 6 de la tarde se desaparecieron, la calma regresó entre nosotros, de inmediato nos reunimos Fredy Monedita, Garganta, Aldemar y mi persona; fácilmente llegamos a la conclusión de que si no era esa noche no era nunca, pues todo iba a cambiar seguramente con la estadía aquí del “Alacrán”. Procedimos a desencaletar el material de guerra para empezar a elaborar las 2 bombas; mientras tanto yo les iba informando uno a uno a los guerrilleros, eso lo hacía en mi celda, no faltó el que me daba las gracias, pero que ellos no se arriesgaban, yo les decía que lo único que podíamos tener seguro era que podíamos morir, lo segundo, que falláramos y que quedáramos más emproblemados, la tercera opción era coronar y salir victoriosos.

A las 7:30 de la noche me hablé con el muchacho del ERP que nos iba ayudar, me dijo que ya estaba listo, que tenía que coger de quieto a un taxista para que lo trajera, tenía que atravesar a Ibagué de El Salado a Picaleña; desde la 7 de la noche habíamos montado guardia en la puerta para salir al pasillo o mejor, nadie podía salir del patio hacia el pasillo.

La fuga

El plan militar como tal era el siguiente: Fredy Monedita con otros 3 muchachos entretenían al tombo que cumplía la función de pabellonero, que permanecía en la puerta que conduce al patio, frente a la puerta de entrada a todos los patios. Además, con una llave de expansión tenían que quitar el pasador de una puerta que a las 6 de la tarde cerraban; Garganta tenía que hostigar desde el tercer piso una garita que quedaba pegada al patio nuestro; Iván, el camarada ex eleno, tenía que poner la primera bomba; Coconuco, otro camarada ex eleno, tenía que poner la segunda bomba; a mí me tocaba mantener la comunicación con los otros muchachos de afuera. Como ellos tuvieron que tomar el taxi, llegaron faltando 10 minutos para las 9, eso significaba que había que adelantar la acción 10 minutos.

Tan pronto los muchachos se ubicaron frente a la cárcel y fingieron estar varados, de inmediato los sapearon, pues en ese barrio viven muchos militares y ex militares. La señal era muy mala, yo casi no le entendía nada al muchacho de afuera, ellos tenían que darle plomo a 2 garitas, lo único que le pude entender fue cuando me dijo “sópleselo viejo”. En ese momento tuve que empezar a gritar a Iván y a Coconuco, de inmediato el tombo pabellonero produjo la señal de alarma con un pito. Yo fui el último o de los últimos que bajó del cuarto piso; salí a la cancha donde ya estaba el primer roto, a mí llegada encontré una multitud muy grande de presos de todo tipo que apresurados intentaban salir, pues la bomba fue muy pequeña y el hueco en la pared quedó muy pequeño y mientras uno se metía e intentaba salir, otros lo estaban halando de los pies en vez de empujarlo, que era lo que realmente deberían hacer.

Era un momento de mucha ansiedad en la gente, por lo menos habían entre 80 y 100 personas tratando de buscar la salida. Para colmo de males, cuando yo llegué al primer hueco, del patio de los paracos, nos estaban dando plomo con pistolas, después pidieron disculpas a los guerrilleros que se quedaron porque creían que supuestamente nosotros los estábamos era atacando a ellos. Yo llevaba mi revolver en la mano, la multitud me vio y me conocieron, gritaban “el viejo va armado, ayudémoslo a pasar primero a él”. Así fue que entre varios me levantaron, me empujaron y caí al otro lado; en la caída me zafé la rodilla de la pierna izquierda, que era la que tenía buena, recuerden que la derecha la tenía enferma.

En la “guayana” –que es un círculo de seguridad de 16 metros que separa dos paredes en la cárcel y por donde se mueven los guardias–encontré que solo había 5 personas, pues a esas horas realmente habían dejado pasar o perder mucho tiempo. Los 5 eran Fredy Monedita, Iván, Coconuco, los dos hermanos ex elenos, Mico (un ex guerrillero del M-19), y otro que no recuerdo. Me dijeron “viejo, con la bomba matamos un tombo y tenía un Galil”, otro tombo de una garita lo cubría, como quien dice “no los voy a dejar que le quiten el fusil”. Les dije “¡quítenle el fusil! y Coconuco, camine conmigo buscamos dónde ponemos la otra bomba”. En esos momentos ya toda la guardia había reaccionado, desde donde dormía la guardia estaban disparando, ya sonaba mucho plomo. Monedita le echó mano al fusil del tombo muerto, con ese ya controlábamos al tombo de la garita que teníamos más encima. Como pudimos con Coconuco cavamos un poco en la pata de la pared que teníamos que romper y procedimos a poner la última bomba.

Con las bombas el sistema era con mecha lenta y estopin pirotecnico, el retardo era solamente 10 segundos; esta bomba fue un éxito total, hizo un hueco de aproximadamente 1 metro, casi pasábamos sentados. Yo fui el primero que salí por el segundo roto, rápido superé la zanja y la malla. Había alcanzado la libertad y me encontraba con el muchacho del ERP que estaba dándole plomo a las garitas, me estaba abrazando con él y aún ninguno más de mis camaradas llegaba, cuando de pronto escuche la voz de Chita. Yo los llamé y preciso me venían siguiendo los 3 hombres más cercanos a mí, que eran Ariel (guerrillero del ELN), Chita (del frente 21) y Aldemar (otro preso político). Tras de ellos seguía la parbadita. En ese grupo salimos 22 personas, 2 muchachos del ERP nos acompañaron y nos guiaron ruta hacia la cordillera, otros 2 de ellos se quedaron esperando a su jefe, que aún no llegaba, era Gonzalo del ERP. Con Garganta salió otro grupo de 7 personas, otros salieron dispersos, el total de personas que conseguimos la libertad fuimos 39 hombres. 29 fuimos a parar al frente Tulio Barón por los lados de Anzoátegui en el norte del Tolima, mientras el enemigo concentraba todos sus esfuerzos hacia los lados de Rovira, pues ése era el área donde yo operaba.

La ruta que tomamos fue el aeropuerto Perales en el cual hay una base del Ejército. Teníamos que hacerle el quite, tuvimos que cruzar la vía que va hacia Alvarado y el Líbano; esta vía también conduce hacia Bogotá pasando por Honda (Tolima), la ciudad de los puentes. Pasamos por un ladito de El Salado, que es un barrio inmenso de Ibagué. Para salirnos de ese plan tan extenso se nos fue casi toda la noche. A las 5 de la mañana estábamos pegándonos a la pata de la cordillera en dirección hacia un caserío que se llama La Flor, que hace parte a Ibagué.

Cuando sonó el primer bombazo estaba hablando el presidente Andrés Pastrana, anunciando que prorrogaba algo así como por 3 meses más la zona de distención o despeje en el Meta y Caquetá donde se estaban adelantando los diálogos entre las FARC-EP y el gobierno nacional.

Finalmente voy a anotar o resaltar algunas cositas, una de ellas es que el primer hueco quedó a la altura del pecho. Lo segundo es que casi todos los que salieron abiertos de Garganta y de mí, los volvieron a capturar. Lo tercero es que hay que recordar que las paredes de Picaleña tienen un pequeño blindaje de bronce. Lo cuarto es que sólo hubo un compañero herido, dicen que lo hirieron superando la malla y ahí lo recapturaron, es un antiguo comandante del M-19. Lo quinto es recordar todos los obstáculos que tuvimos que superar: uno fue la puerta de tornillo que nos conducía a la cancha, tuvimos que abrirla en presencia del tombo pabellonero, las dos paredes que tuvimos que romper, la malla y la zanja; sexto, no nos habíamos retirado unas 2 cuadras de la cárcel cuando empezaron a llegar las primeras patrullas de policía y carrados de ejército, llegaron echando plomo, pero parece que no lograron calcular nuestra ruta o vía de retirada. Todos estos obstáculos pudimos superarlos satisfactoriamente.

La anécdota del hecho es que un preso social apodado Percherón por su contextura alta, pero muy gordo, se metió al primer hueco y se quedó atrancado, no pudo salir ni para adelante, ni para atrás. Total nadie más pudo buscar la libertad. Al señor lo tuvieron que ayudar a salir de ahí.

Sólo 7 personas salimos armadas, más otro que se armó con el fusil del tombo muerto.

No doy el nombre del compañero del ERP por la seguridad de él, pues he escuchado que está preso, siempre lo voy a llevar en el alma, y así como él hay varios, como el muchacho que tuvo la misión de conseguir la plata. Tampoco doy el nombre de él porque también está preso, tampoco doy el nombre de esas valientes mujeres que me ayudaron por su seguridad, una de ellas hace rato está al servicio del enemigo, solo sé que mucho de esto se lo debo a ellas.

Desde la cárcel se me informó que todas las personas que salimos de ahí fuimos condenados a 42 años, eso por hacer uso del legítimo derecho de buscar la libertad cuando se ha perdido.

Aquí quedó reflejado que el que persevera triunfa.

Llegando a Casa

Cuando llegué al Frente 21 donde pertenecía, de inmediato fui llamado por el camarada Alfonso Cano, después de informarle todo en detalle, terminó diciéndome estas palabras “usted hizo exactamente lo que tenía que hacer: salirse de allá, ala” Exactamente fueron 12 meses, 22 días los que pasé en prisión, que solamente dediqué a leer y a cranearla. Finalmente, estas memorias las dedico a mi maestro y comandante: Alfonso Cano.

Autor: Giovanni Castro
BOCAC Frente Grabriel Galvis

menu
menu