Lectura, una necesidad latente para el bien de la humanidad

Por Víctor Chaves R. Reportero Nómada. Director de Informativo Web del Sur. Miembro del equipo de reporteros de NC Noticias.

La versión número 10 de la Temporada de Letras y la segunda de la Feria Internacional del Libro de Pasto, es un espacio adecuado para reflexionar alrededor de este tema y las perspectivas de los textos escritos en un mundo agobiado por la electrónica y las tecnologías digitales.

Lectura necesidad de la humanidad

Imagen BOCAC, farc-ep 2017

Es indudable que la percepción de la humanidad frente al valor y al poder de los libros cambió sustancialmente. Elementos como los computadores personales desde finales de los años 80 en el siglo pasado y luego el Internet marcaron la mayor incidencia provocadora de los cambios en las costumbres frente a la lectura y de los modelos de información que se desprendían de las hojas de los textos.

El valor de los textos

Hasta antes del impacto de las nuevas tecnologías el valor de la intelectualidad se medía a través de las cercanías que se pudieran tener por las enciclopedias o inclusive por la presencia en las bibliotecas, que de paso vale la pena decirlo, eran lugares de sumo respeto institucional en cualquier ciudad del mundo, sin importar su tamaño.

Pero si se revisa mucho más atrás en la historia, se podrá establecer que el acceso a los libros marcó durante muchos siglos la diferencia entre la riqueza y la pobreza, la sabiduría y la ignorancia. Cuando los libros se escribían a mano, solo los reyes y los poderosos podían disfrutarlos. La posibilidad de que un plebeyo pudiese acceder a un manuscrito, era prácticamente cero.

La democratización del libro

Con el paso del tiempo y tras la aparición de la imprenta de Gutenberg se inició un proceso muy lento de democratización de la lectura, que de todas maneras favoreció la aparición de escuelas y líneas de pensamiento sustentadas en propuestas editoriales.

Lectura necesidad

Imagen BOCAC, 2017 Texto

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Los gobernantes europeos durante los siglos XVI y subsiguientes entendieron que mantener en la absoluta oscuridad no era un negocio rentable y decidieron permitir el acceso a los libros de la gente del común, aunque inicialmente se dio preferencia a los nobles y a la descendencia de comerciantes, militares, navegantes y mercaderes.

Tras la Revolución Francesa comenzaron a aflorar los intelectuales y los cultures de las ciencias, gracias a los nuevos textos que fueron ampliando el margen de contenidos, ya que al comienzo la prelación la tenían los textos religiosos y algunos poemarios, diarios de viaje, etc.

Los grandes pensadores, letrados, abogados y economistas pudieron difundir entre un público más amplio y a veces más lejano, sus propuestas culturales, políticas o artísticas en la medida en que las bibliotecas pasaron a convertirse en elementos propios de establecimientos públicos, como despachos, centros universitarios, académicos e inclusive en algunos hogares. No era aún una difusión masiva, pero sí facilitó que muchos ilustres parecieran en la palestra pública gracias a la formación alcanzada a través de los libros.

La edad de oro de los libros

Fue promediando el siglo XIX cuando los libros comenzaron a tener uso pedagógico masivo. Los textos escolares consolidaron su presencia en escuelas y colegios. Gracias a esto la gente del común pudo acceder a diversos modelos de lectura y a partir de ahí adelantar procesos de educación, básica e inclusive avanzada y científica.

Lectura necesidad

Imagen BOCAC, 2017 Texto

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Junto a estos, las enciclopedias y las bibliotecas pasaron a cumplir roles clave dentro de los procesos formativos de las nuevas generaciones, en una tendencia que se extendió cerca de 200 años.

La lectura sumada a la escritura pasaron a ser materias básicas en los contenidos escolares y a partir de ahí evolucionó la pedagogía en redacción, gramática, expresión verbal, oral o escrita, etc.

Los grandes clásicos, como La Ilíada, de Homero o el Quijote de Cervantes pasaron a ser de consumo popular. Sin necesidad de ser letrada, la gente leía y escribía con solvencia, porque se trataba de dos herramientas de la comunicación cotidiana, aunque por supuesto tampoco se puede negar que una gran porción de la humanidad, la de los relegados y olvidados por los sistemas gubernamentales y políticos sigue analfabeta inclusive hasta la actualidad.

Los años difíciles

Sin que alguien hubiese vaticinado con anticipación lo que para la lectura y la redacción han significado el advenimiento de las nuevas tecnologías, como la electrónica, la cibernética y los medios virtuales y digitales, está claro para la gran mayoría que el libro pasó a un segundo plano e inclusive se ha vaticinado su desaparición definitiva.

Es un hecho que hoy la gente ya no se siente atraída por la lectura y que cada vez son más pocos los que escriben con solvencia. En apariencia, los recursos electrónicos cubrieron las necesidades comunicativas de las generaciones actuales, sin necesidades perentorias de redacción de textos como parte de la cotidianeidad.

Una luz de esperanza

Sin embargo, luego de poco más de un par de décadas, los seres humanos sienten una especie de evocación por la lectura y de ahí se prenden muchos de los que se niegan a la extinción del texto escrito como vehículo fundamental de las comunicaciones entre seres pensantes.

Lectura necesidad

Imagen BOCAC, 2017 Texto

Lectura necesidad

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Y aunque se han probado decenas de métodos motivacionales, hoy se entienden dos factores por encima de cualquier otra alternativa: la lectura no puede ser ni obligada ni aburrida. Los niños y jóvenes deben llegar por su propia voluntad a los libros.

Pero estos no deben ser portafolios de discursos eternos y adormecedores, sino propuestas lúdicas, agradables y hasta divertidas.

Así por lo menos lo expresan los jóvenes, niños y niñas que asisten a esta versión de la Feria del Libro en Pasto, Nariño.

Por Víctor Chaves R. Reportero Nómada.

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